Capítulo XIX

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*1980*

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*1980*

Lucy miraba por la ventana mientras veía la nieve caer sobre Godric's Hollow, donde una gran capa blanca, aunque a veces se veía amarilla por la luz que desprendían las farolas, cubría ya el suelo. Las ventanas destellaban suavemente, decoradas con guirnaldas que parpadeaban como si sus luces respiraran. El aire olía a leña, a tarta de calabaza y canela, y a ese tipo de hogar que uno sabe que echará de menos incluso antes de irse.

Eran las primeras navidades sin Euphemia y Fleamont Potter, y aunque Lily había hecho todo lo posible por que la casa se sintiera alegre y viva, la ausencia de sus padres hacía que Lucy no se encontrara muy bien, haberse quedado huerfana a tan temprana edad no le había sentado muy bien.

En un rincón del sofá, Daniel, el mayor de los Potter, sostenía en brazos a su pequeña hija, Ashley, de apenas dos años, que reía cada vez que su madre, Kathleen, conjuraba pompas de nieve con la punta de la varita. Ashley estiraba las manitas, intentando atraparlas, mientras las burbujas estallaban en pequeños destellos brillantes.

—¿Crees que Papá Noel podrá entrar con tantos encantamientos de protección? —preguntó Lucy con el ceño fruncido, mirando hacia la chimenea, que rugía con calor y resplandor.

—Si alguien puede, es él —le respondió James con una sonrisa, desordenándole el cabello como hacía su padre—. Aunque seguro Sirius le deja una botella de whisky por si se pierde en los pasillos.

—¡James! —lo regañó Lily entre risas desde la cocina, donde terminaba de emplatar la cena—. No le enseñes eso a Lucy.

Sirius Black, tumbado en una butaca con los pies sobre la mesa de centro (a pesar de las miradas asesinas de Kathleen), alzó su copa de whisky. A Lucy le parecía que era el chico más guapo que había visto jamás, pero también solo tenía 9 años y Sirius le sacaba casi doce años.

—Vamos, Evans, no le digas que no al whisky navideño. Yo ya le enseñé a Lucy a lanzar encantamientos de luz sin varita.

—¡Y a hacer que la ropa interior de James vuele por la sala! —añadió Lucy entre carcajadas, orgullosa.

Remus Lupin, sentado junto al árbol, hojeaba distraído un libro antiguo que había traído como regalo para Lucy. Sonreía, pero con esa tristeza tan suya, hacía dos noches había habido luna llena y aún se estaba recuperando.

James se acercó a Lily, le dio un beso rápido en la mejilla y le susurró algo al oído que la hizo reír. Luego, como si el momento fuera oro líquido, alzó la voz.

—A ver, familia, atentos. Antes de que ataquemos la cena, quiero decir algo. Sé que este año ha sido una locura. Sé que mamá y papá nos faltan, que el mundo afuera es un desastre, y que estamos todos un poco rotos. Pero estamos aquí. Juntos. Y eso ya es una victoria.

El silencio que siguió fue breve, pero lleno de emoción. Kathleen asintió con suavidad. Daniel le apretó la mano.

—Por Euphemia y Fleamont —dijo Remus en voz baja, alzando su copa.

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