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Lucy se despertó más tarde que las chicas, las había oído levantarse, los más jóvenes habían madrugado con el señor Weasley porque tenían que caminar hacia donde estaba el traslador. Bill, Charlie, Percy y Lucy podían teletransportarse e iban a ir más tarde con las cosas que se necesitaban.
Ya había amanecido al contrario de cuando los más pequeños se habían ido, puesto que en el cuarto no entraba más luz que la de las velas y bombillas. Se sentó en la cama, se había sentido un tanto extraña al dormir sin la compañía de Noah, además de que le había costado coger el sueño pues se había quedado pensando en todo lo ocurrido con Bill aquel día.
Se vistió con ropa cómoda mientras oía la voz de los hermanos Weasley bajar por las escaleras, justo se estaba poniendo una sudadera con Charlie pico a la puerta.
— Oye Potter –la llamo a través de la puerta.
— Puedes pasar Charlie –le dijo Lucy mientras se sentaba en la cama para empezar a calzarse.
La puerta se abrió dejando paso al segundo de los Weasley, Charlie era atractivo, bastante ciertamente, no había tenido nunca novia y eso le extrañaba a Lucy, no sabía si es que no estaba interesado en ellas, pero tampoco había tenido novio y el pelirrojo confiaba en Lucy y le solía contar de todo, cuando la chica preguntaba que no tenía tiempo para ello.
— ¿Que tal has amanecido?
— Solitaria, no estoy acostumbrada a dormir sola –comento Lucy mientras se ataba uno de los playeros.
— En la habitación de arriba seguro que había alguien queriendo hacerte compañía –soltó Charlie mientras se reía de una manera picara, la actitud de los gemelos siempre le había recordado a Charlie sobre todo en el colegio. Lucy le lanzó el playero, que aún no se había puesto–. Perdón, señora Danes.
— Aun no estoy casada, Charlie –le dijo Lucy mirando como el pelirrojo le lanzaba de vuelta su playero–. Te estas jugando tu puesto de dama de honor, pensaba que te gustaba el vestido que te envié –bromeo esta vez la pelirroja.
— Preferiría ser tu cuñado –Lucy rodó los ojos, y él soltó una risita–. Lo siento, Potter, sabes que Noah me parece un chico estupendo y sé que te hace feliz, pero tú y mi hermano erais la pareja perfecta y...
— Tú mismo lo has dicho, Charlie, éramos –dijo remarcando la palabra éramos, la ruptura con Bill era algo de lo que no le gustaba hablar–. Tu hermano me impidió ir con él a Egipto, a día de hoy si no estamos juntos es por su culpa.
Charlie la miró ciertamente apenado, sabía la verdad y aunque tratase de conseguir que la pelirroja volviese con su hermano, sabía que ella jamás iba a perdonar lo que le había hecho. Charlie sabía que Bill estaba a punto de pedirle matrimonio, pero que llego la oferta de trabaja y se echó para atrás, por miedo a que ella no lo aceptase y lo abandonase, prefirió hacerlo él.
— Bueno, el desayuno esta abajo –dijo Charlie
— Prefiero no desayunar
— Esta bien, te avisamos cuando nos vayamos a aparecer.
Lucy asintió con su cabeza, no quería bajar, porque quería estar el menos tiempo posible con los Weasley, no porque se llevará mal con todos ellos, los gemelos le causaban mucha gracia y con Charlie siempre había tenido una relación especial, pero con los señores Weasley todo era un poco más difícil, la seguían tratando igual que antes, como si fuera su hija y Lucy se sentía muy incomoda, su relación con Bill había acabado hacía mucho tiempo y los señores Weasley no parecían tenerlo claro.
Además Bill parecía seguir teniendo interés en la pelirroja, y ella no había superado del todo su relación con él, si era verdad que ahora tenía una nueva pareja y se iban a casar, en algún momento no demasiado lejano, pues Lucy deseaba formar una familia y esto era lo que le causaba mucho tormento, ya que desde que había conocido a Bill se había imaginado con él, muy enamorados teniendo cuatro hijos y ahora que todo era distinto, le costaba imaginas ese futuro con Noah.
Charlie volvió a subir al cabo de un rato para avisarla que se iban ya para los mundiales. Lucy cogió sus cosas y bajo con su amigo, pero ambos no dijeron ninguna palabras. En el salón de la Madriguera, Percy y Bill Weasley esperaban para aparecerse con los otros dos que quedaban, mientras que la señora Weasley les metía más comida en las mochilas.
— Ah, Lucy –dijo al ver a la joven bajando por las escaleras–. ¿Te queda sitio en la mochila?
— Sí, claro, ¿por...?
A la pelirroja no le dio tiempo a acabar su frase porque la señora Weasley se acercó a ella, le abrió su mochila y le metió un paquete.
— Espero que no os haga falta nada más, venga, venga –dijo animándonos con las manos–. Ya es hora de que os vayáis, los chicos os estarán esperando. Cuidad de vuestros hermanos y Lucy cuidalos a todos ellos, eres mi única esperanza.
Tanto Bill como Charlie se quejaron, mientras que Percy hacia caso omiso a lo que su madre decía. Lucy sonrió, había echado de menos el trato que Molly le daba, los Weasley habían sido como su familia por mucho tiempo y aunque lo de Bill complicaba la situación bastante seguía adorando pasar tiempo con la familia de pelirrojos donde encajaba tan bien.
Lucy y los chicos se despidieron de la señora Weasley para aparecerse en el campamento muggle que ahora estaba siendo ocupado por cientos de magos y brujas.
— Busquemos a los chicos –habló Bill tras aparecerse allí, su mirada seguía fija en Lucy, al final esperaba que hubiese una chispa que se volviese a encender, para él la chica Potter era el amor de su vida y haría cualquier cosa para recuperarla.
Estuvieron por un rato buscando hasta que encontraron a Fred y George que habían ido a recoger agua, se unieron a los gemelos en su recorrido de vuelta a la tienda de campaña. A Lucy le encantaba hacer camping, era una manera muy divertida de viajar y de hecho tras su boda Noah y ella tenían pensado irse un par de semanas a Estados Unidos de camping para que así la pelirroja pudiese conocer el país de su prometido.
Cuando entraron los cuatro pelirrojos pudieron ver un anticuado apartamento de tres habitaciones, con un baño y una cocina, en la mesa de la cocina Ginny y Hermione estaban sentadas jugando a los globstones mientras que Ron y Harry jugaban al ajedrez.
— Es una tienda de campaña maravillosa –dijo Lucy sonriendo.
— Ah chicos ya habéis llegado –El señor Weasley salió de uno de los cuartos–. Me la ha prestado un compañero de la oficina, Perkins, que ya no puede hacer camping porque tiene lumbago. Un dilema, pero aquí estamos. Lucy tú duerme con las chicas sino te importa, vosotros conmigo en este cuarto.
La pelirroja asintió para ir hacia el cuarto de las chicas a dejar sus cosas allí y seguir evitando al pelirrojo y sus preguntas que tanto asustaban a Lucy.
Nota de la Autora:
¡Hola! He visto los nuevos votos y los nuevos comentarios y me habéis motivado a volver a escribir esta historia ya que veo que hay mucho interés en ella. Mi intención es que sea un capitulo cada semana, espero conseguirlo! Muchas gracias por los votos