¿Saben lo que es el extasis ?
Si lo buscas en Google, te dirán que es una droga capaz de alterar el estado de ánimo y la percepción de algunos escenarios, causa dependencia rápida y en su ausencia deja cuadros graves de depresión.
Se le dice extas...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Una deuda, es una deuda.
Algunas las adquieres a conciencia, otras las adquieres estando en el momento y lugar equivocado, otras simplemente las heredas.
Susana sabía eso, yo se lo recordaba cada que la tenía en mi cama, anonadada por todas las drogas que le metía para poder controlarla. Siempre se lo dije.
"Tus hijas me pagarán si tú no lo haces."
Si ella hubiera muerto aquí, el peso de su deuda hubiera caído con ella y estaría enterrado junto a su cuerpo. Era culta, pero no lo suficiente, porque, pese a mis advertencias, decidió fugarse de mis brazos, provocando un hijueputa desastre. Todo eso nos trajo hasta aquí: dos de mis mejores hombres muertos, entre esos, mi hijo. Todo a causa de su fuga y, lo peor, es que fue en manos de dos jóvenes sin entrenamiento, dos jóvenes que solo tuvieron malparida suerte.
Marcus y Daniel.
Dos imbéciles que se creyeron héroes el día que decidieron ponerse en medio para defender a la hija de Susana, Alenha Cadavid.
Mi plan era tomarla y, con ella, obligar a Susana a volver. Si Susana regresaba conmigo, ella tendría la oportunidad de vivir su vida como si nada hubiera pasado. Oportunidad que mis hombres no tuvieron, oportunidad que mi hijo no tuvo.
Si Susana siguiera viva, sería hijo por hijo. Pero después del desastre que armé en el hotel, la muerte de Susana inundó las noticias. La decepción que sentí fue aberrante. Había planeado tantas torturas, tantas formas de castigarla que son inimaginables para una mente del común. Me frustraba el hecho de que ella escogiera el camino de los cobardes y que esa decisión me apartara de lo que podría ser la saciedad total del vacío que tenía por la sed de venganza.
Yo no soy un chiste, mi organización no es un tapete con el que te puedas limpiar y luego quitarte la vida para escapar de ella.
Alguien tenía que pagarme.
Al principio pensé que podía cobrarme la deuda con sangre. Después comprendí que la persona que quería ver sufrir a causa de sus acciones ya se había ido de este plano, pero la ley de este mundo demanda sangre, venganza. Cobrar esta deuda era mi obligación como la cabecilla de la organización; de no hacerlo, mostraría debilidad ante mis aliados y algo peor podría desatarse.
Entonces me fijé en ella.
Podía haberla dejado ir, pero también era su culpa. Por donde lo miraras, ella tenía que ver.
Me obsesioné con averiguar formas de lastimarla, de cobrar lo que se me debía, y me encontré con muchas sorpresas en el camino. Pese a su corta edad, era toda una coya que tenía su corazón dividido en dos partes y, desde ahí, encontré un punto de partida para mi plan.
Quería que sufriera sus muertes, quería que creyera que las personas que se acercan a ella terminan pagando por sus errores y los errores de la puta de su madre.