¿Saben lo que es el extasis ?
Si lo buscas en Google, te dirán que es una droga capaz de alterar el estado de ánimo y la percepción de algunos escenarios, causa dependencia rápida y en su ausencia deja cuadros graves de depresión.
Se le dice extas...
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UN TIEMPO DESPUÉS
No quería recordar la herida, pero a veces, en las noches, cuando no había nada más que silencio, pensaba que si la borraba, seguramente se desvanecería la fuerza que había adquirido la cicatriz.
Tenía la caja guardada en el ático. El representante de Marcus me la hizo llegar al hospital, antes de que me trasladaran a Praga, y desde ese día he vivido cuestionándome cuál es el momento perfecto para abrirla.
Anoche concluí que se me podría ir la vida tratando de encontrar ese momento, que no había momento perfecto, así como no existen los hubiera.
Solo existe el ahora: el enfrentar las cosas aunque nos duelan, aunque nos amarguen, nos lastimen, nos hagan sentir que el aire que respiramos es tóxico, aunque la ausencia nos vuelva a pesar en largas y eternas noches solo por un recuerdo que nos hace revivir el duelo.
Para cuando quiero reflexionar sobre si debería hacerlo o no, ya me encuentro frente a la puerta del ático, observando la caja que yace en la parte superior del estante.
—A la mierda. Pienso.
Y, en cuestión de segundos, ya he tomado mi decisión. Subo al pequeño banquillo, estiro las manos y rozo la caja, atrayéndola hacia mí con cuidado de no dejarla caer. Cuando la tengo completamente segura, la bajo, poniéndola en el suelo.
La verdad es que no pesa mucho. Me sorprende que no recordara que era tan liviana.
Salgo del ático sacudiendo un poco de polvo con mis manos.
Paso por la cocina, con cuidado de no hacer mucho ruido. Abro la nevera y tomo la botella de Jaroslav Springer, un delicioso vino tinto, de los más famosos de Praga.
Abro la puerta trasera, encontrándome con el cielo nocturno del verano. En mi patio trasero hay un pequeño lago y un huerto donde he cultivado varios vegetales y frutas. Observo la pared que da con mi propiedad. Mis vecinos tienen una casa que parece un castillo y, en la parte trasera, hay una torre bastante elevada. Por las noches da la impresión de que estás en un cuento de hadas, ya que muchas veces, a un costado, se esconde la luna.
Me detengo unos instantes antes de sentarme en el suelo y observo la noche estrellada, llena de estrellas, puntos diminutos que iluminan el cielo de agosto.
Pongo la botella en el suelo y, seguido de eso, la caja.
Solo espero no arrepentirme de esto.
Como puedo, sacudo el polvo que faltaba de la caja rectangular. Es amplia, de color plata, y está adornada con un lazo negro que supongo antes estaba mejor hecho. Ahora está chueco, lleno de polvo. Supongo que a todas las cosas las termina por alcanzar el deterioro que aporta el tiempo.
Tomo una bocanada larga de aire y, seguido de eso, descorcho la botella de vino, empinándome de ella.
—Voy a hacerlo ya —hablo para mí misma y luego tiro del lazo, destapando la caja de golpe.