Cuando me bajé de la acera

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Al abandonar la tranquilidad
del camino seguro
y moverme
a lo desconocido
me atreví a caminar
hacia el peligro,
me arrolló mi propia rebeldía,
me tropecé con mis pasos
marcados por la impertinencia
de hacer la más grande
de las estupideces.
Al otro lado de la acera
no hay nada,
ni siquiera sé si pude llegar.

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