Parte 2, Capítulo 37
El aroma dulce y sutil de los pasteles de arroz con miel y el té de jazmín caliente flotaba en el aire del pasillo, pero no lograba disipar la pesadez que se respiraba en el ala del consorte real. Jinri caminaba a paso lento, sosteniendo la pesada bandeja de plata con extrema delicadeza. Su corazón latía con una mezcla de angustia y devoción. Los últimos días habían sido un calvario de incertidumbre; los rumores sobre la enfermedad de Taehyung y el escándalo de Jieun corrían como pólvora entre la servidumbre. Sabía que su señor apenas había probado bocado, consumido por una silenciosa y peligrosa apatía, y su único objetivo esa mañana era convencerlo de que intentara comer, aunque fuera un poco, para recuperar las fuerzas perdidas.
Al empujar la pesada puerta de madera tallada, Jinri se preparó para encontrarse con la habitual estampa de los últimos días: Taehyung recostado entre cojines, con la mirada perdida en los jardines a través del ventanal. Sin embargo, la escena que se desplegó ante sus ojos la dejó petrificada en el umbral.
La espaciosa y opulenta habitación estaba sumida en un caos inusual. Los tapices de seda carmesí y los adornos de oro parecían desvaídos ante la presencia de tres enormes baúles de madera oscura y herrajes de bronce que ocupaban el centro del salón. Y allí, en medio de todo, estaba Taehyung. No había rastro de la languidez ni de la debilidad física que los médicos habían diagnosticado. Con una vitalidad renovada, casi febril, el consorte real se movía de un lado a otro con gracia y determinación, doblando con manos firmes sus túnicas de seda más finas, seleccionando joyas, libros y pertenencias personales para arrojarlas con prisa dentro de los cofres.
Jinri parpadeó varias veces, incrédula. La bandeja pareció volverse más pesada entre sus manos.
—¿Mi señor...? —preguntó Jinri, con la voz impregnada de una profunda sorpresa—. ¿Qué... qué es lo que está haciendo? ¿Por qué está guardando sus cosas?
Taehyung no interrumpió su labor. Tomó un pesado manto de piel de zorro blanco, lo sacudió levemente y lo acomodó en el fondo del primer baúl antes de enderezarse. Sus ojos oscuros, antes apagados por la melancolía, brillaban ahora con una chispa de fría resolución. Su postura era erguida, la de un noble que recuperaba el control de su propio destino tras meses de sumisión.
—Me voy de este palacio, Jinri —respondió Taehyung, con una voz clara y cortante que no dejaba espacio a las dudas—. No pienso quedarme un día más en este nido de ratas. No voy a sentarme pacientemente en este trono de espinas a esperar a que la corte me destituya formalmente, ni pienso quedarme a ver cómo coronan a una mujer de la calle solo porque el rey es demasiado cobarde para matar a su propio bastardo. Si él quiere arrastrarse ante esa perra por el bien de su linaje, que lo haga solo. Yo no seré parte de su comedia.
El impacto de las palabras hizo que Jinri reaccionara. Caminó a toda prisa hacia una mesa auxiliar, dejando la bandeja de los bocadillos a un lado, ignorando por completo el té que empezaba a enfriarse. Se volvió hacia él, con las manos entrelazadas contra su pecho, el rostro pálido por la magnitud de lo que implicaba una huida.
—Pero... ¿está completamente seguro de esto, mi señor? —preguntó Jinri en un susurro temeroso, mirando hacia la puerta por miedo a que algún guardia pudiera escuchar el eco de la traición—. Huir del palacio real... El rey lo buscará por los confines de la tierra si es necesario. Las consecuencias si lo descubren antes de salir del reino serían devastadoras.
—Estoy más seguro de esto que de cualquier otra cosa en mi miserable vida —replicó Taehyung, deteniéndose un instante para mirarla fijamente. Una pequeña y amarga sonrisa curvó sus labios—. Bogum se fue al reino del sol hace unos días. Pienso alcanzarlo allá, lejos de las intrigas de esta corte y de la presencia asfixiante de Jungkook. En el reino del sol podré ser libre.
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The King's Weakness - KookTae
FanfictionLo tenían todo: un amor que prometía un reino más justo y la admiración de todo su pueblo. Los ahora reyes, parecían el ejemplo perfecto de felicidad... hasta que la rutina se convirtió en su peor enemiga. Tras dos años de una vida predecible, el...
