Parte 2, Capítulo 32
El palacio real se había convertido en un laberinto de murmullos y pasillos helados para Jieun. La cabeza cercenada de Wooshik, con aquel sol maldito tallado en la frente, se repetía en su mente cada vez que cerraba los ojos, como una condena a muerte que colgaba sobre ella mediante un hilo invisible. La paranoia la había consumido por completo, transformando su vida en un suplicio de sospechas constantes.
En su comedor privado, el olor a estofado de cordero y especias que antes le abría el apetito ahora le revolvía el estómago de puro terror. Jieun permanecía sentada rigidamente en su silla tallada, con las manos entrelazadas sobre el regazo, negándose rotundamente a tocar los cubiertos.
—Pruébenlo —ordenó a sus sirvientas, con una voz que temblaba pero que intentaba sonar autoritaria—. Todas ustedes. Tomen una cucharada de cada plato antes de que yo dé el primer bocado.
Las criadas se miraron entre sí, asustadas pero sumisas. Ese tipo de protocolo de seguridad alimentaria estaba estrictamente reservado por la ley real para el Rey Jungkook y su Consorte Taehyung; que una concubina lo exigiera era una osadía tremenda, casi una falta de respeto a la jerarquía del palacio. Sin embargo, al ver el pánico genuino y los ojos desorbitados de su señora, obedecieron sin chistar. Solo cuando pasaron varios minutos y vio que ninguna de las jóvenes caía al suelo envuelta en convulsiones, Jieun se atrevió a comer apenas unas porciones ridículas.
Desesperada por encontrar una pizca de protección, Jieun mandó llamar al mensajero real y solicitó una audiencia formal de emergencia con Jungkook. Necesitaba llorar en su pecho, decirle que Taehyung era un monstruo despiadado que mandaba cabezas en cajas y que su vida corría peligro. Pero la respuesta que recibió del despacho del Rey fue un balde de agua fría: la audiencia fue categóricamente negada debido a los "asuntos de Estado" del soberano.
Sin rendirse, Jieun tomó un pergamino y con mano temblorosa le escribió una carta desesperada a Jungkook, suplicándole protección. La respuesta del soberano llegó pocas horas después, pero no fue la visita afectuosa que ella añoraba. Jungkook, mediante un decreto firmado, le asignó sirvientas por turnos estrictos: un grupo selecto que la atendería exclusivamente de día y otro que velaría su sueño de noche. Además, ordenó que una guardia de soldados con armadura pesada custodiara cada rincón de sus aposentos y los pasillos adyacentes.
Aunque el sonido metálico de las armaduras y el relevo constante de las doncellas la tranquilizaron un poco en la superficie, en lo profundo de su ser seguía sintiéndose completamente desprotegida. Taehyung controlaba las sombras, y contra las sombras, las espadas de los guardias no servían de nada. En un momento de la tarde, mientras una de las criadas peinaba su largo cabello negro, Jieun no pudo aguantar más la curiosidad morbosa y preguntó por su enemigo.
—¿Qué se sabe de Taehyung? ¿Ha salido de su habitación? —preguntó, tratando de sonar casual.
La sirvienta detuvo el cepillo de madera por un segundo, mirando hacia la puerta antes de susurrar.
—No, milady. Su alteza no ha salido de su habitación en los últimos tres días. Las cocineras dicen que los banquetes regresan intactos, que apenas come unas cuantas frutas y un poco de caldo.
Jieun frunció el ceño, el corazón dándole un vuelco. —¿Por qué? ¿Acaso está tramando algo?
—Dicen que enfermó gravemente después de la noche de su cumpleaños, milady —respondió la otra sirvienta que doblaba las sábanas—. Pero nadie sabe el motivo real. Los médicos reales tienen prohibido hablar y el general Dongmin custodia la entrada de sus aposentos personalmente. No dejan pasar a nadie.
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The King's Weakness - KookTae
FanfictionLo tenían todo: un amor que prometía un reino más justo y la admiración de todo su pueblo. Los ahora reyes, parecían el ejemplo perfecto de felicidad... hasta que la rutina se convirtió en su peor enemiga. Tras dos años de una vida predecible, el...
