Parte 2, Capítulo 33
La luz que se filtraba por los inmensos ventanales de los aposentos del consorte real parecía negarse a iluminar el lugar, disolviéndose en una penumbra grisácea que envolvía cada mueble de caoba y cada cortinaje de terciopelo. El aire estaba estancado, impregnado del aroma dulzón pero punzante de las esencias que las sirvientas habían usado por la mañana para limpiar el cuerpo herido de Taehyung. Sentado en medio de la inmensidad de su cama, el omega permanecía inmóvil, arropado por sábanas de seda que apenas lograban ocultar la rigidez de su postura. Tenía la mirada fija en algún punto difuso del suelo pulido, con las manos apoyadas sobre el regazo, pálidas y quietas como las de una estatua de mármol. No quedaba ni un rastro de la vitalidad descarada que solía ostentar; solo una quietud espectral que ponía los pelos de punta.
La pesada puerta de madera crujió al abrirse, y los pasos vacilantes de Jungkook resonaron en el silencio sepulcral de la habitación. El rey arrastraba los pies, desprovisto de toda la altivez que se esperaba del soberano de Jade. Al ver a su esposo en ese estado de desconexión absoluta, una oleada de dolor y autorreproche le oprimió el pecho, haciéndole difícil incluso respirar. Se acercó con una lentitud casi reverencial, temiendo que cualquier movimiento brusco rompiera el frágil equilibrio del lugar, y se sentó en el borde del colchón, sintiendo cómo el mueble cedía levemente bajo su peso.
Con los ojos empañados por el remordimiento, Jungkook estiró la mano y, con una delicadeza extrema, tomó los dedos fríos de Taehyung entre los suyos. El omega no se tensó, pero tampoco correspondió al agarre. Ni siquiera se molestó en girar la cabeza para mirarlo.
—Está embarazada, ¿verdad? —soltó Taehyung. Su voz no tenía rastro de lágrimas ni de histeria; era un hilo de voz monótono, helado, que cortó el aire como una cuchilla de hielo.
Jungkook apretó los dientes, agachando la cabeza mientras sentía el peso del mundo sobre sus hombros. La confirmación del médico real aún resonaba en sus oídos como una maldición.
—Mi jade... lo siento —susurró el rey, con la voz rota por la culpa—. Siento tanto todo esto. Lo que pasó con ella, la situación en la que estamos... y lo que te hice la otra noche. Estaba fuera de mí, el alcohol, los celos... Fui un monstruo contigo. No debí tocarte de esa manera. Por favor, mírame.
Taehyung dejó escapar un suspiro desganado, moviendo apenas los labios. La humillación de la noche anterior todavía le escocía en la piel, pero su mente ya estaba operando en un nivel mucho más oscuro y pragmático que el simple dolor físico.
—No importa, majestad —respondió con una apatía que dolió más que cualquier grito—. Ya no importa nada.
—Sí importa —insistió Jungkook, desesperado por encontrar una grieta en esa coraza de hielo. Se acomodó más cerca, buscando con la mirada esos ojos oscuros que antes lo miraban con devoción o malicia, pero que ahora solo reflejaban el vacío—. Dime qué puedo hacer. Dime qué necesitas para perdonarme, lo que sea. No puedo soportar que me mires como si ya no existiera para ti. Te lo suplico, mi jade. Pídeme lo que quieras, pero perdóname.
Fue entonces cuando Taehyung movió lentamente la cabeza, rompiendo su letargo para clavar sus pupilas directamente en las del rey. Había algo siniestro en la profundidad de sus ojos, una fijeza depredadora que hizo que Jungkook contuviera el aliento.
—¿De verdad serías capaz de hacer cualquier cosa por mi perdón, majestad? —preguntó Taehyung, ladeando apenas la cabeza, su rostro a escasos centímetros del suyo.
—Lo que sea —aseguró el alfa sin dudar, entregándole su voluntad en bandeja de plata.
—Mata a ese bebé —soltó Taehyung con una frialdad tan absoluta que parecía irreal—. Haz que tu amante aborte.
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The King's Weakness - KookTae
FanfictionLo tenían todo: un amor que prometía un reino más justo y la admiración de todo su pueblo. Los ahora reyes, parecían el ejemplo perfecto de felicidad... hasta que la rutina se convirtió en su peor enemiga. Tras dos años de una vida predecible, el...
