Parte 2, Capítulo 29
El silencio en los aposentos de Taehyung era tan denso que se podía sentir en la piel, roto únicamente por el suave crujir de las sedas cuando Yoongi ayudó al Consorte a sentarse en el borde de la cama. El resplandor de las velas proyectaba sombras alargadas y vacilantes sobre las paredes tapizadas, creando una atmósfera de confesionario privado.
Yoongi no dijo nada de inmediato. Con una parsimonia marcial, sacó un pañuelo de lino blanco de su túnica y se arrodilló frente a Taehyung. Sus dedos, acostumbrados a la empuñadura de acero, se movieron con una ligereza casi religiosa mientras comenzaba a limpiar los pequeños arañazos que las uñas de Jimin habían dejado en los brazos del omega.
Taehyung lo observaba desde arriba, con los ojos ligeramente húmedos y los hombros encogidos, manteniendo esa fachada de porcelana herida que sabía que desarmaba al General. Por dentro, sin embargo, su mente era un mecanismo de relojería calculando cada latido del hombre frente a él.
—La próxima vez que quieras hacer un trabajo sucio, llámame a mí —soltó Yoongi finalmente, sin levantar la vista de la herida—. Tienes manos demasiado delicadas para este tipo de tareas. No deberías mancharte las manos con alguien como él.
Taehyung dejó escapar un suspiro trémulo, una nota de vulnerabilidad perfectamente ejecutada, resultaba que Yoongi lo conocía demasiado bien como para tratar de fingir debilidad.
—¿Hasta dónde serías capaz de llegar por mí, Yoongi? —preguntó, su voz apenas un susurro que vibró en el aire estático de la habitación.
Yoongi detuvo el movimiento del pañuelo. Levantó la mirada y Taehyung vio en sus ojos grises una tormenta de lealtad ciega y dolor antiguo.
—Sería capaz de matarme a mí mismo si me lo pidieras —respondió el General con una solemnidad aterradora—. Mi vida nunca me ha pertenecido realmente desde que te conocí.
Taehyung alargó la mano, rozando con las puntas de sus dedos la mandíbula firme de Yoongi, recorriendo la piel con una lentitud que era a la vez una caricia y una cadena.
—¿Todavía me amas? —la pregunta flotó como un desafío.
Yoongi se quedó helado. El silencio se prolongó un segundo de más, un vacío que Taehyung aprovechó con maestría. Retiró la mano de golpe, bajando la mirada con una falsa modestia que irradiaba arrepentimiento.
—Lo siento... ha sido una pregunta atrevida. Olvídalo, por favor. No tengo derecho a...
—Nunca dejé de hacerlo —interrumpió Yoongi. Su mano interceptó la de Taehyung, obligándolo a volver a mirarlo. Sus dedos acunaron el rostro del Consorte con una devoción que rozaba la agonía—. Nunca pude parar, Taehyung. Eres mi gloria y mi condena.
Taehyung se inclinó hacia él, su aroma a flores dulces se volvió embriagador y asfixiante, tanto que Yoongi se sintió mareado.
—Demuéstramelo —pidió, sus labios rozando casi los de Yoongi—. Ámame esta noche. Demuéstrame cuánto amor me tienes. Sé mío por esta vez, como debió ser siempre.
En ese instante, una ráfaga de viento hizo oscilar las llamas de los candelabros y, por una milésima de segundo, Yoongi vio algo que le heló la sangre. Un brillo rojizo, antinatural y depredador, destelló en las pupilas de Taehyung. En ese breve parpadeo, Yoongi comprendió que el omega que le proponía tal sacrilegio no era el joven dulce que recordaba, sino una criatura forjada en la manipulación y el poder oscuro.
Sin embargo, en un acto de rendición absoluta y descabellada, Yoongi no lo tomó. Simplemente lo rodeó con sus brazos, hundiendo el rostro en su hombro, abrazándolo con una fuerza que buscaba unir los pedazos rotos de sus propias almas. Se permitió quedarse allí, adorándolo con un dolor insoportable en el pecho, sabiendo que estaba entregando su voluntad a un monstruo, pero incapaz de desear estar en otro lugar.
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The King's Weakness - KookTae
FanfictionLo tenían todo: un amor que prometía un reino más justo y la admiración de todo su pueblo. Los ahora reyes, parecían el ejemplo perfecto de felicidad... hasta que la rutina se convirtió en su peor enemiga. Tras dos años de una vida predecible, el...
