Parte 2, Capítulo 13
Las sábanas de seda verde esmeralda estaban revueltas, restos de una batalla de entrega que había consumido la noche hasta las primeras luces del alba. El aroma a sándalo y lluvia se mezclaba con el dulce perfume de jazmín que emanaba de Taehyung, creando una atmósfera densa, cálida y privada.
Jungkook mantenía a su esposo atrapado contra su pecho, con un brazo rodeando su cintura con una posesión tranquila. Su nariz rozaba la nuca del omega, inhalando la paz que solo encontraba en esos momentos de silencio, lejos de la corona y las intrigas.
—Falta un mes para tu cumpleaños —susurró Jungkook, su voz aún ronca por el sueño y la actividad de la noche anterior—. Quiero saber qué deseas, mi jade. Pídeme lo que quieras. Joyas de las tierras del sur, un banquete que dure tres días... lo que sea.
Taehyung dejó escapar un suspiro suave y se giró lentamente entre los brazos del Rey para quedar frente a frente. Sus ojos, aunque cansados, brillaban con una lucidez serena. Extendió una mano para delinear la mandíbula de su esposo, sintiendo la aspereza de la barba que comenzaba a asomar.
—No quiero nada ostentoso —respondió con voz suave pero firme—. Estamos en tiempos de crisis. Ese asesino sigue acechando el palacio. En momentos así, se valora lo poco que se tiene: la seguridad, el calor de este hogar, el hecho de que estemos juntos. No me des lujos que el reino no pueda permitirse celebrar con el corazón ligero.
Jungkook frunció el ceño levemente, conmovido por la prudencia de su omega, pero también impulsado por un deseo ferviente de adorarlo. Se acercó más, uniendo sus frentes.
—Tu humildad me sorprende, pero eres el consorte del Reino de Jade —dijo Jungkook, depositando un beso tierno en la punta de su nariz—. Te prometo que te daré el mejor regalo de todos. Algo que no podrás olvidar.
Taehyung sonrió, una expresión pequeña y elegante.
—Con tenerte a mi lado al despertar, ya es suficiente.
En el ala opuesta del palacio, el ambiente era radicalmente distinto. El sol entraba con timidez por los ventanales de los aposentos de la concubina, donde Jieun desayunaba en silencio mientras Miyeon terminaba de organizar algunas túnicas.
—Falta poco para el cumpleaños del rey consorte —comentó Miyeon, manteniendo la vista fija en su labor—. A finales de mes. El protocolo dicta que debe prepararle un regalo con anticipación, mi señora. Es una oportunidad para mostrar respeto.
Jieun dejó la taza de té sobre la mesa con un golpe seco, dejando escapar una risa amarga y carente de gracia.
—¿Un regalo? ¿Para él? —Jieun se reclinó en su asiento, cruzando las piernas—. Ese hombre ya lo tiene todo. Tiene la corona, tiene el favor del pueblo y el amor del rey, ni hablar de los lujos que lo rodean. ¿Para qué quiere más? Cualquier cosa que yo le dé será como arrojar una gota de agua al océano.
Miyeon se detuvo y la miró de reojo. Su voz era plana, casi mecánica, pero sus palabras llevaban el peso del consejo necesario.
—Sería una buena forma de convivir en paz —dijo Miyeon simplemente—. El Rey valora la armonía en su corte.
Jieun se acarició inconscientemente los brazos. Bajo la seda de su ropa, aún creía sentir el eco del dolor, un fantasma de la golpiza que Park Bogum le había propinado en aquel granero. El recuerdo le escocía más que las heridas físicas ya sanadas. Era una humillación que no podía borrar de su piel.
—Paz —repitió Jieun con ironía—. Aunque le diera el mejor regalo del mundo, él nunca me aceptará. Me mira como si fuera una mancha en su tapiz perfecto. Su lacayo se encargó de dejar claro cuál es mi lugar.
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The King's Weakness - KookTae
FanfictionLo tenían todo: un amor que prometía un reino más justo y la admiración de todo su pueblo. Los ahora reyes, parecían el ejemplo perfecto de felicidad... hasta que la rutina se convirtió en su peor enemiga. Tras dos años de una vida predecible, el...
