Capítulo 65

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Parte 2, Capítulo 30

El aire en el Reino de Jade siempre había sido traicionero, pero esa noche soplaba con una frialdad que calaba hasta los huesos. Horas antes de que el caos estallara en el salón de baile, en un rincón olvidado de los jardines traseros donde las sombras eran decoradas por la luz de las antorchas, Jieun se había reunido con Wooshik para los últimos retoques de su plan.

​Jieun miraba a WooShik con asco, él pasó de ser un buen amante a ser no más que un simple peón para usar a su antojo, un hombre con más deudas que honor, pero era perfecto para el papel que necesitaba esa noche. Cuando vio que el hombre sacaba una botella de licor barato, ella se arrugó la nariz.

​—No tienes que estar borracho de verdad, idiota —siseó ella, cubriéndose la boca con un pañuelo de seda—. Solo tienes que fingirlo. Entra, haz el espectáculo y asegúrate de que todos duden de la virtud de Taehyung. La corte no perdonará ni un rumor de infidelidad; lo que hará que lo destituyan antes del amanecer.

​Wooshik soltó una carcajada ronca, balanceando la botella antes de derramar un chorro generoso sobre su propia túnica mugrienta. El olor agrio del alcohol inundó el ambiente de forma casi inmediata.

​—Para que el perro muerda, tiene que oler a rabia, preciosa —respondió él con ironía—. Si voy a enfrentarme al Rey de Jade, no basta con actuar. Tengo que oler, verme y sudar como un borracho desesperado. Descuida, tu querido Taehyung no sabrá ni de dónde le vino el golpe.

​De vuelta al presente, el salón de baile era una olla a presión. Wooshik acababa de soltar la bomba: había dicho que era el amante de Taehyung. Los cuchicheos eran como avispas zumbando alrededor de la cabeza del Consorte. Todos lo jugaban como si fueran dioses perfectos.

​Taehyung, que se había mantenido como una estatua de hielo, rompió el silencio de la forma menos esperada: soltó una carcajada estruendosa. Era una risa clara, vibrante, que rebotó en las paredes de mármol y dejó a todos desconcertados. Se detuvo en seco y, con una gracia exagerada, fingió limpiarse una lágrima imaginaria del rostro.

​Caminó hacia Wooshik, acortando la distancia hasta quedar a centímetros de su sucio rostro.

​—Te lo preguntaré por última vez —murmuró Taehyung, sus ojos brillando con una chispa peligrosa—. ¿Quién te envió?

​Wooshik, lejos de amedrentarse, sacó una pulsera de su bolsillo. Era una pieza sencilla pero reconocible.

​—¿Quien me envio? Me envió la nostalgia, Taehyung. ¿Ya no recuerdas esta pulsera? Me la diste después de nuestra tercera noche juntos —Wooshik caminó entre los invitados, mostrando la joya como si fuera una prueba irrefutable—. Diles a todos que miento. Diles que no tienes un lunar oscuro en la cadera izquierda. O que después de que terminamos, siempre pides una copa de vino tinto para calmar la sed.

​Jungkook, sentado en su trono, sintió que el mundo se le venía abajo. Esos eran detalles íntimos, secretos que solo alguien que hubiera compartido la cama con Taehyung podría saber. Apretó los puños, su mandíbula tensa al borde de romperse.

​Taehyung volvió a reír, negando con la cabeza.

​—¿Eso es todo lo que tienes? —Taehyung se pavoneó frente a la corte—. Esos datos son tan "íntimos" como el hecho de que me gusta el té de jazmín por las mañanas o que duermo con las ventanas cerradas. Soy el Rey Consorte, mi vida no es un misterio para la servidumbre, para los sastres que me visten o para cualquier espía que haya pagado un par de monedas por información. Eres patético.

​Wooshik, al ver que su terreno flaqueaba, sacó su última herramienta. Un collar de oro con un rubí incrustado, que brilló bajo las luces del salón.

The King's Weakness - KookTaeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora