Capítulo 74

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Parte 2, Capítulo 39

La noche había caído con una pesadez asfixiante sobre las altas torres del palacio de jade, tiñendo los jardines de sombras alargadas y un silencio sepulcral que solo el viento lograba romper. La luna, oculta tras densos nubarrones de tormenta, apenas filtraba hilos de plata sobre las tejas oscuras. Era una oscuridad idónea para los secretos, el escenario perfecto donde se maquinaban planes diametralmente opuestos en distintos rincones de la fortaleza.

​En los aposentos del consorte, el ambiente simulaba una calma idílica. Taehyung, vistiendo una túnica ligera de descanso, permanecía recostado en su lecho, manteniendo los ojos cerrados con una respiración pausada y acompasada. Había fingido irse a dormir horas antes, consciente de que Jungkook vendría a visitarlo para aliviar la tensión del devastador día político. Y así había sido. Cuando el Rey entró a la habitación, sus ojos cansados se posaron de inmediato en los tres enormes baúles que ocupaban el centro de la habitación. La alarma en el rostro de Jungkook fue evidente, pero Taehyung, desplegando su habitual destreza para el engaño, entornó los ojos con languidez y le mintió con una suavidad asombrosa. Le aseguró que eran solo pertenencias viejas, túnicas en desuso y mantas gastadas que quería donar al orfanato de la capital para limpiar el karma del palacio. La explicación, cargada de una fingida benevolencia, tranquilizó por completo el corazón agobiado de Jungkook; el monarca, conmovido por el supuesto gesto y respetando el aparente cansancio de su consorte, decidió darle su espacio, depositando un suave beso en su frente antes de retirarse a sus oficinas. Taehyung esperó en la inmovilidad hasta escuchar el eco lejano de sus pasos perdiéndose en el pasillo, permitiéndose entonces exhalar el aire retenido en sus pulmones.

​Mientras tanto, en el ala opuesta del palacio, la atmósfera carecía de cualquier atisbo de paz. En la penumbra de una recámara privada, iluminada apenas por el parpadeo de una vela moribunda, Jieun y Jongsuk hablaban en susurros tensos, ultimando los detalles más oscuros de su plan. El príncipe, con el rostro aún cruzado por las vendas que cubrían sus heridas, gesticulaba con rabia contenida, delineando las posiciones de los hombres que apostaría en los accesos periféricos. Jieun lo escuchaba con las manos entrelazadas sobre su vientre, asintiendo con una fijeza gélida en la mirada; la ambición la había cegado por completo, aceptando que esa noche el tablero político se mancharía de sangre de manera definitiva.

​Lejos de la crueldad que se gestaba en la capital, en la privacidad de su habitación, Beomgyu se preparaba para su propio destino. El silencio de su recámara era interrumpido únicamente por el suave crujido de las telas preciosas. Con movimientos lentos y el corazón latiéndole a un ritmo frenético, el joven se vestía con extremo esmero sobre la ropa interior de encaje que su sirvienta le había conseguido en absoluto secreto esa misma tarde. El roce de la delicada prenda contra su piel le provocaba un escalofrío de dulce anticipación. Cada capa de ropa que añadía sobre su cuerpo funcionaba como una armadura que ocultaba un deseo ardiente. Al ajustarse el cinturón de seda, Beomgyu se miró al espejo, con las mejillas encendidas por un rubor carmesí, sabiendo que las próximas horas dictarían el encuentro más esperado de su vida.

​El tañido sordo de las campanas anunció la llegada de la medianoche en la capital. En el ala del consorte, el tiempo pareció detenerse. Taehyung se levantó de la cama lentamente, despojándose de las mantas con movimientos felinos para no generar el más mínimo ruido. La puerta corredera se abrió un milímetro y Jinri se deslizó al interior de la habitación con el rostro pálido y las manos temblorosas, sosteniendo las prendas que usarían para la fuga.

​La muchacha comenzó a ayudar a vestirle con prisa pero con una meticulosidad absoluta. Afortunadamente, la parte más difícil del plan logístico se había resuelto horas atrás: los guardias personales vinculados a la facción de Bogum se habían llevado los tres pesados baúles durante la tarde, utilizando la excusa de la donación benéfica al orfanato que el propio Rey había validado, por lo que Taehyung no tendría que preocuparse por sus pertenencias; estas ya aguardaban en un carruaje clandestino extramuros.

The King's Weakness - KookTaeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora