Parte 2, Capítulo 34
Los días siguientes se arrastraron como la pesadez del agua estancada. El ambiente en el palacio se había vuelto denso, cargado de secretos que se asfixiaban entre las paredes de piedra y los tapices dinásticos. En este letargo, Lee Jongsuk ejecutó su estrategia con la paciencia de un cazador. Sus encuentros con Jieun se volvieron habituales, casi rutinarios, transformando los jardines apartados y las salas secundarias en su confesionario privado.
Jongsuk desplegaba ante ella una preocupación milimétricamente ensayada. Cada inclinación de cabeza, cada pregunta sobre su salud, el tono suave de su voz y los pequeños obsequios que le llevaba estaban diseñados para derribar las defensas de la omega. Jieun, debilitada por el aislamiento y el pánico constante que le provocaba la sombra de Taehyung, se aferró a Jongsuk como un clavo ardiendo. Seducida por las atenciones y la calidez impostada del príncipe desterrado, se dejó engañar por completo.
Poco a poco, considerándolo su único aliado y protector en esa corte hostil, comenzó a desnudarse emocionalmente, revelando en medio de sus charlas los secretos más íntimos y los temores que guardaba en lo profundo de su pecho. Jongsuk la oía con devoción fingida, memorizando cada dato, cada debilidad, guardando el veneno para el momento exacto en que decidiera usarlo en su contra.
Aquella tarde, se encontraban en una pequeña sala de estar decorada con sedas color lavanda. El aroma a jazmín de los sahumerios flotaba en el aire, entibiando la fría luz invernal que cruzaba los ventanales. La conversación fluía de la manera más amena, entre risas contenidas de Jieun y comentarios aduladores de Jongsuk, cuando el sonido seco de unos pasos firmes interrumpió la intimidad del espacio.
Las puertas dobles se abrieron para dar paso a Gayoung. La mano del rey entró con la elegancia innata que la caracterizaba; su postura era impecable, su túnica oscura no tenía una sola arruga y su rostro permanecía sereno, indescifrable como el agua de un pozo profundo. Hizo una reverencia perfecta, pero sus ojos evaluaron la escena con rapidez.
—Lady Jieun, Príncipe Jongsuk —saludó con voz clara—. Lamento interrumpir su velada. Vengo por órdenes directas de su majestad. Lady Jieun, su majestad solicita formalmente su presencia esta noche. Le invita a compartir una cena privada en el comedor principal.
Jieun se tensó de inmediato sobre el diván. La taza de porcelana que sostenía tembló sutilmente entre sus dedos. Durante las últimas semanas, Jungkook se había mostrado distante, frío y casi inaccesible para ella. Sus peticiones de audiencia habían sido ignoradas y la frialdad del monarca la hacía temer lo peor. Miró a Jongsuk de reojo, buscando en sus ojos una guía, una señal de qué hacer.
Jongsuk, manteniendo su sonrisa apacible, asintió levemente con la cabeza, dándole un mensaje silencioso de aprobación. Guiada por el mudo consejo del príncipe y queriendo creer que el rey finalmente buscaba su cercanía, Jieun tragó saliva y enderezó la espalda.
—Es un honor recibir la invitación de su majestad —respondió Jieun, tratando de estabilizar su voz—. Infórmele al rey que asistiré.
Gayoung volvió a inclinarse y se retiró con la misma parsimonia con la que había entrado, dejando tras de sí un silencio preñado de dudas.
Al caer la noche, los aposentos de Jieun se convirtieron en un hervidero de actividad silenciosa. Sus sirvientas la sumergieron en un baño de agua caliente perfumada con aceites de rosas para borrar el cansancio de su rostro. La vistieron con las túnicas más finas, una combinación de sedas color carmín y brocados de oro que resaltaba la palidez de su piel, y adornaron su cabello con peinetas de jade y oro. Había algo solemne en el ambiente, una atmósfera extraña y pesada que hacía que las criadas se movieran con extrema cautela, como si en lugar de prepararla para un banquete real, la estuvieran vistiendo para su última cena.
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The King's Weakness - KookTae
FanfictionLo tenían todo: un amor que prometía un reino más justo y la admiración de todo su pueblo. Los ahora reyes, parecían el ejemplo perfecto de felicidad... hasta que la rutina se convirtió en su peor enemiga. Tras dos años de una vida predecible, el...
