Capítulo 43

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Parte 2, Capítulo 8

El sol del Reino de Jade siempre parecía brillar con una intensidad pretenciosa, como si el mismo cielo intentara competir con el oro que decoraba las cornisas del palacio. Para Choi Beomgyu, ese resplandor no era más que una burla. Llevaba tres días encerrado en sus aposentos bajo el pretexto de "protección real". La noticia de un asesino rondando las tierras del Rey Jeon había convertido el palacio en una jaula de seda, y Beomgyu, siendo el sobrino del Rey de Jade, era el pájaro con las plumas más vigiladas.

​—Dos guardias. Dos —masculló Beomgyu, asomándose por la rendija de su puerta—. Ni que fuera a robarme a mí mismo.

​Beomgyu no era un omega que aceptara el cautiverio con gracia. Mientras otros omegas de la corte se habrían dedicado a bordar o a quejarse del clima, él había pasado la mañana sobornando a las sirvientas con dulces de contrabando para obtener una información mucho más valiosa: la ruta de entrenamiento de Kang Taehyun.

​Taehyun, el hijo menor del Ministro Kang, era un alfa que parecía tallado en el hielo más fino y letal. Era serio, metódico y, para desgracia de los nervios de Beomgyu, desesperadamente atractivo. Beomgyu lo quería. No sabía si para conversar o para desquiciarlo, pero lo quería cerca.

​—Hoy es el día —susurró para sí mismo.
​Con una agilidad que no encajaba con su título de príncipe, Beomgyu comenzó a anudar las sábanas de seda fina. La soga improvisada colgó desde su balcón hacia los jardines traseros, una zona que los guardias solían descuidar por su proximidad a los acantilados de roca decorativa.

​—Si me mato, espero que mi fantasma sea guapo —bromeó, lanzándose al vacío.

​El descenso fue digno de un acróbata, pero el aterrizaje fue otra historia. En cuanto sus pies tocaron la hierba, Beomgyu echó a correr. Sabía que tenía el tiempo contado antes de que la guardia hiciera la ronda de las tres. Corrió por los senderos apartados, ignorando los gritos lejanos de unos jardineros que, al reconocer su cabellera rebelde, le advirtieron que bajara el ritmo.

​—¡Se va a lastimar, Alteza! —gritó uno.

​Beomgyu solo rió, el viento golpeando su rostro. Estaba cerca del área de los manantiales olvidados, donde Taehyun solía meditar tras su entrenamiento. La adrenalina era un perfume embriagador, hasta que una raíz traicionera y el suelo húmedo conspiraron en su contra.
​El mundo giró. El impacto fue seco y brutal.

​Beomgyu rodó por la pendiente de piedra pequeña, sus manos intentando frenar la caída sin éxito. Cuando finalmente se detuvo, el silencio del bosque lo envolvió. El dolor estalló en sus palmas, en su mentón y, sobre todo, en su tobillo izquierdo, que palpitaba al ritmo de un tambor de guerra.

​—Maldita sea... —gemía, mirando sus manos ensangrentadas y llenas de tierra.

​Trató de levantarse, pero el tobillo cedió de inmediato, arrancándole un grito ahogado. Estaba en una zona muerta del palacio. Nadie pasaba por ahí. Justo cuando iba a aceptar su derrota y arrastrarse de vuelta como un cachorro herido, una sombra se proyectó sobre él.
​Taehyun estaba allí, de pie, con su uniforme de entrenamiento negro y el aroma a pino y acero frío rodeándolo. Su expresión era de una neutralidad exasperante.

​—¿Príncipe Beomgyu? —La voz del alfa era profunda, sin una pizca de la devoción que otros mostraban—. ¿Qué hace aqui… tirado en el barro?

​Beomgyu, a pesar de las lágrimas de dolor que amenazaban con salir, forzó una sonrisa ladeada. Se sacudió la ropa con una mano temblorosa y se echó el pelo hacia atrás, fingiendo que la sangre en su mentón era un accesorio de moda.

​—¡Oh, Taehyun! Qué coincidencia —dijo, intentando sonar despreocupado mientras ocultaba un gesto de agonía—. Solo estaba... examinando la calidad del suelo. El Reino de Jade tiene una geología fascinante, ¿no crees?
​Taehyun arqueó una ceja, cruzándose de brazos.

The King's Weakness - KookTaeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora