Parte 2, Capítulo 31
La noche se arrastró como una agonía lenta para Jieun. En sus aposentos, el aire parecía impregnado con el olor a muerte de la cabeza de Wooshik, que ya había sido retirada por los guardias bajo el más estricto secreto, pero el horror permanecía flotando entre las paredes. La concubina no había pegado un ojo en toda la noche; permanecía hecha un ovillo en su cama, temblando ante el menor crujido de la madera, convencida de que en cualquier momento la puerta se abriría y Taehyung aparecería con esa sonrisa gélida para reclamar su vida. Sus sirvientas pasaron la noche en vela con ella, sentadas en el suelo o apoyadas contra los pilares de la habitación. Aunque el cansancio les pesaba en los párpados, su lealtad hacia Jieun era más fuerte que el sueño, y se mantuvieron alerta, dispuestas a protegerla con sus propios cuerpos si era necesario.
Pero lo que Jieun no sabía, en medio de su paranoia, era que Taehyung era el que menos pensaba en ir a buscarla. Su propio universo se había reducido a las cuatro paredes de su cama, y su único y verdadero problema era el peso de Jungkook sobre él.
La noche del Rey había estado sumergida en el alcohol. Jungkook, con la mente nublada por el vino y carcomido por los celos enfermos que las palabras de Wooshik habían sembrado, había ido a buscar a su esposo. Entró a los aposentos reales sin pedir permiso, arrastrando los pies y con la mirada inyectada en sangre, obligando a Taehyung a despertarse de golpe al sacudirlo por los hombros para encararlo sobre su supuesto amante.
Al principio, para Taehyung, los celos de Jungkook eran divertidos. Ver al soberano del reino reducido a un animal herido por el miedo a perderlo alimentaba su ego, así que decidió ceder a los bajos instintos del alfa. Pensó que darle lo que quería, usar su cuerpo para brindarle seguridad y calmar su paranoia, sería suficiente para mantenerlo bajo control. Sin embargo, lo que empezó como un juego de seducción y manipulación se desvirtuó por completo. En un punto de la madrugada, Jungkook se volvió rudo, tosco y posesivo, perdiendo la delicadeza que solía tener.
—¡Dime la verdad! —exigió Jungkook por centésima vez.
Taehyung estaba atrapado contra el borde de la cama, con el colchón hundiéndose bajo su peso y Jungkook empujándolo desde atrás sin piedad. El cansancio físico y mental ya había sobrepasado la diversión del Consorte, transformándola en pura furia.
—¡Suéltame, Jungkook! ¡Ya basta, déjame ir! —siseó Taehyung, intentando zafarse, pero sus fuerzas eran nulas contra el agarre del alfa.
—¡No te vas a ir a ningún lado! —rugió Jungkook, completamente cegado por la desconfianza. Con una mano grande y firme, sujetó a Taehyung del cuello, apretando lo suficiente para inmovilizarlo y obligarlo a echar la cabeza hacia atrás—. Dime por qué ese maldito infeliz sabía todo sobre ti ¡Dímelo!
—¡Ya te lo dije, alguien le pagó para hacer ese espectáculo!¡Yo nunca cometería adulterio! —respondió Taehyung, con la voz entrecortada por la presión en su garganta, pero sus palabras cayeron en saco roto.
Jungkook no le creía. El dolor de la sospecha y el alcohol formaron un cóctel destructivo en su cabeza. Comportándose con una rudeza inaudita, continuó penetrándolo con embestidas toscas y violentas, ignorando por completo el hecho de que Taehyung, con la mandíbula apretada y lágrimas de rabia contenida en los ojos, le repetía una y otra vez que ya estaba harto. Fue una posesión desesperada, un intento egoísta de Jungkook por marcar lo que creía suyo, rompiendo la delgada línea del consentimiento.
Al día siguiente, el sol ya ocupaba el centro del cielo cuando Taehyung abrió los ojos. Era casi el mediodía, y la luz que se filtraba por los pesados cortinados de seda dorada le lastimaba la vista. El silencio de la habitación fue interrumpido por el suave abrir de las puertas. Sus sirvientas entraron en fila, transportando esencias y paños limpios.
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The King's Weakness - KookTae
FanfictionLo tenían todo: un amor que prometía un reino más justo y la admiración de todo su pueblo. Los ahora reyes, parecían el ejemplo perfecto de felicidad... hasta que la rutina se convirtió en su peor enemiga. Tras dos años de una vida predecible, el...
