De un momento a otro, el verde pasto del jardín de Fally se convirtió en el suave cuero de los asientos del auto de Sophie. Olía a vainilla ahí dentro, era algo agradable. Pero lo único que Blair quería era llegar a casa, además, no podía evitar sentir que algo malo estaba a punto de suceder.
—Probablemente sea el Memorium—le dijo Sophie, pero Blair sabía que era para tranquilizarla. Su amiga encendió la radio y Blair recostó su cabeza en la ventanilla mientras el primer disco de Alanis Morissette sonaba. La miró. — ¿Qué? —exclamó mientras reía. — ¿Acaso no puedo oír música hecha antes de que naciéramos?
Blair sonrió. —No, no es eso. Es que pensé que no te gustaba ese tipo de música.
Ella se encogió de hombros y siguió manejando, mientras Blair conseguía conciliar el sueño. Pero en menos de media hora tuvieron que bajar del auto.
La puerta de su casa estaba abierta, y Arsen estaba hablando con alguien vestido con uniforme de pizzería. Blair casi corrió a su encuentro y lo rodeó con sus brazos mientras el aroma del muchacho se impregnaba en su ropa.
Arsen sintió como si su mundo de pronto volvía a tener sentido. Había estado preocupado por Blair, a pesar de que Sophie le había prometido que se encargaría de ella. Tenerla junto a él nunca lo había hecho más feliz y nada nunca le había hecho sentir tan aliviado. Sonrió al separarse del abrazo, preguntándose cómo era posible pensar de aquella manera de una persona a quien casi no conocía, y sentir como si estuvieran hechos uno para el otro. Incluso cuando lo decía en su mente creía que era absurdo, pero ahí estaba: el sentimiento de vacío que aparecía en cuanto Blair se alejaba, y la alegría que lo invadía cuando la veía regresar a sus brazos.
El repartidor de pizza ya se había esfumado cuando él le tomó la mano e ingresaron a la casa. Dentro, además de Sophie, estaban Dave e Ian, acostados en su sillón viendo televisión y comiendo pizza. Sophie estaba en la cocina, haciéndose un café. Cuando los muchachos vieron a Blair, apagaron el televisor y se sentaron. Querían oír sobre lo que le había sucedido.
—Estoy bien—dijo ella, mientras Sophie le daba una taza de café y se sentaba a su lado. Del otro lado estaba Arsen; enredaba sus dedos en su cabello y sonreía cuando sus ojos se cruzaban.
—No, no lo estás—contestó él, señalando su brazo. Todavía no había sanado.
—No me duele—repuso—.De verdad.
—Lo sé. —Pasó la yema de sus dedos por la lastimadura, como si quisiera sanarla con su piel. —Era plata—concluyó—.Plata pura. Tardará en sanar, y cuando lo haga, te quedará una cicatriz.
Blair asintió, preguntándose por qué Arsen usaba un tono tan preocupado para eso. Una cicatriz no era algo tan malo después de todo. Quizás para un hombre lobo sí lo fuera, pero ella sentía que las cicatrices eran como una muestra de que había sufrido aquella cosa llamada vida.
—Pero estarás bien—añadió, y luego recostó su cabeza en su hombro.
— ¿Qué hay de Jordan? —intervino Dave—.Esa perra no está para nada bien. —Se llevó un dedo a la cabeza, indicando que Jordan estaba loca.
Blair rio. —Quizás solo estaba hambrienta y violenta—dijo, pero luego miró a Ian. Era su ex novia, y al parecer no le gustaba que hablaran mal de ella, porque estaba mirando al frente, pensativo. — ¿Lo sabías? —le preguntó.
Él la miró, distraído. — ¿Qué?
— ¿Sabías que Jordan era un wendigo?
Ian mantuvo la mirada sobre la suya durante unos segundos y luego la desvió hacia la pizza. Tomó una porción y la mordió.
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Moonlight
WerewolfBlair siempre había sospechado cosas sobre su pasado, sabía que ella no era como su familia, y le hizo falta dejar de tomar sus pastillas anti epilépticas para darse cuenta que cosas extrañas le estaban sucediendo. De pronto tiene amigos, y dos chic...
