42° MILES DE ESTRELLAS

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Miles.

Millones.

¿billones?

¿MÁS?

Si, todas esas estrellas se podían ver desde mi techo de cristal, era mi trocito de universo.

Una estrella fugaz!

Un deseo...

Deseo... Ser feliz.

Se que es muy cliché pedir la felicidad, pero necesitaba que se cumpliera.

De repente siento un pequeño hormigueo en las yemas de mis dedos, cuando levante la mano seguí viendo las estrellas.

¿ESPERA QUÉ?

¿DONDE COJONES ESTA MI MANO?

La sentía, podía moverla, sentía el roce de mis dedos, pero no lograba verla, era invisible.

Me tranquilice y empezó a aparecer el color de esta, ocultandome las estrellas. Me levante lo mas rápido que pude y corrí hacia la habitación 390.

Llamé continuamente su puerta con mi puño y a los pocos segundos apareció, con un pijama a rayas verde, una camisa fina de manga larga y un short.

L: ¿Que ocurre Alex? Es muy temprano o muy tarde, no se que hora es...

A: Me he hecho invisible.

Sus ojos se abrieron como platos y saltó agarrándose a mi cuello.

L: Dios eso es genial!!

A: Buenos solo he conseguido la mano...

L: Enhorabuena.

Y me besó en la mejilla.

L: Quedate conmigo a dormir, tuve una pesadilla antes y me cuesta mucho conciliar el sueño sin devorar todo lo que hay en la nevera.

A: An... Si... Sii claro, yo... Voy un momento a mi habitación y vuelvo.

L: No tardes.

Dijo bostezando y dirigiéndose a la cama, también era de matrimonio, cómo la mía pero la colcha era de un tono vainilla con estampado de flores.

Fui a mi habitación, me puse el pijama, la parte de abajo era un pantalón de tela ancho y la parte de arriba era una camiseta de tirantes.

Me lavé los dientes y no sé porque me eché un poco de colonia en mi cuello.

Cerré la puerta con mi llave y fui a la habitación de Leti.

Ella ya estaba en la cama con su boca entre abierta y su cabello sobre sus hombros.

A: Ya estoy.

L: Venga que es tarde.

A: Ya ya...

Me fui al sofá y me tendi allí.

L: ¿Que se supone que haces?

A: Dormir.

L: ¿En el sofá?

A: Si, no molesto tranquila, estoy bien.

L: Deja de hacer el tonto y metete en la cama.

A: Pero...

L: No me rechistes que es muy tarde.

Una vez dentro, solo nos separaban unos centímetros, la escucho sonarse la nariz y me atrevo a preguntar...

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