Capítulo 8

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Iba justo detrás de Adam, creo que necesita una explicación, pero Clara tocó la puerta de la habitación.

Inmediatamente, fui a abrir la puerta, y ahí estaba ella, vestida impecablemente con su uniforme.

- Oh, señorita, disculpe la molestia, y el haberla encontrado de esta forma, pero tengo que darle un aviso. –dijo.

¡Mierda!, olvidé que lo único que cubre mi cuerpo es una toalla.

- Mmmm, no se preocupe Clara, ¿qué es lo que sucede? –le pregunté.

- Acaban de llegar unas cosas de la boutique, pero son de hombre...

- Ah sí, son cosas para el señor Ahern, acomódele su ropa en su habitación, por favor.

- Con gusto, tengo una pregunta, espero que no la tome a mal.

- Pregúnteme, no pasa nada.

- ¿El señor Ahern es uno más?

Obviamente, después de tantos años, Clara sabe todo, y sabe lo que a veces hago con ciertos caballeros.

- No, él es mi asistente, no es uno más.

- Muy bien, iré a acomodarle la ropa al señor Ahern, ¿qué gusta desayunar?

- Unos chilaquiles, a ver si así se me quita esta resaca.

- ¿Bien picositos?

- Claro, así son mejores.

Clara es de México, y no sé cómo le hace pero consigue muchas cosas para hacer comida mexicana, y unos de los platillos que más me gustan son los chilaquiles.

- Bueno, me retiro.

- Hasta luego, Clara.

Cerré la puerta de mi habitación, y al darme la vuelta vi a Adam frente a mí.

- ¿Por qué Clara preguntó que si soy uno más? –preguntó.

- No lo entenderá...

- ¿Por lo menos me explicará lo de esa habitación?

- Creo que ahorita no es el momento, deberíamos tener esa conversación bien vestidos, no con usted envuelto en una sábana y yo envuelta en una toalla, vaya a vestirse, en un rato lo veo en el comedor.

- Está bien, me iré a vestir.

Rápidamente salió de la habitación, y después, me dispuse a vestirme.

Elegí usar unos pantalones de chándal y una blusa holgada, creo que queda de más decir que también usaré un sostén y unas bragas.

Ya que estaba vestida, me desenredé mi cabello con un peine, y después, arreglé la recamara, y salí al comedor.

Cuando llegué, ya estaba puesta la mesa, y el señor Ahern estaba esperándome.

- ¿Vamos a trabajar en la oficina? –preguntó Adam.

- No, trabajaremos aquí, no puedo ir a trabajar con resaca, prefiero que trabajemos aquí en mi despacho.

Clara se acercó con un plato de chilaquiles, y me lo colocó frente a mí.

- Gracias, puede retirarse, yo me encargo de lo demás.

- Muy bien, con permiso.

- Propio.

Clara salió de nuestra visión, y el señor Ahern empezó con sus cuestionamientos.

- ¿Ya podemos hablar sobre lo que vi? –preguntó.

- Primero coma, después hablamos.

Nos pusimos a comer, en un silencio ensordecedor.

Al terminar, me levanto de la mesa, y antes de irme le digo a Adam:

- Me voy a mi despacho, lo veo ahí en un rato.

Al retirarme de la mesa, fui a mi habitación a cepillarme los dientes, y después caminé hacia mi despacho.

Al llegar, estaba mi taza de cappuccino humeante, como si estuviera en la oficina, y al llegar a mi asiento, encendí la computadora.

- Creo que ya podemos hablar. –dijo Adam entrando a mi oficina.

- Pase y tome asiento, y dígame, ¿qué es lo que quiere saber? –pregunté.

Entró y tomó asiento en una de las sillas frente a mi escritorio.

- Bueno, quisiera saber... ¿tortura a las personas? –preguntó.

Al escuchar eso, no pude evitar reírme, se me hace increíble que sea tan inocente, siendo un hombre hecho y derecho.

- No, yo jamás torturo, solo proporciono placer. –respondí.

- Pero, ¿cómo es posible?

- ¿Nunca ha escuchado del BDSM? –le pregunté asombrada.

Y en ese instante se abre la puerta de golpe, y entrada nadie más y nadie menos que mi madre, Elise Roberts.

- Catherine, cariño, hola, fui a buscarte a la oficina y me dijeron que no estabas, y te hablo a tu teléfono celular y no contestas, ¿qué te ha pasado? –me preguntó mi madre.

- Nada, solo tengo migraña, por eso decidí quedarme en casa, y el celular debe estar descargado.

- Bueno, como sea, solo vine a recordarte que la siguiente semana es el cumpleaños de tu padre, y habrá una fiesta, te aviso con tiempo, para que no me salgas que estás ocupada, eso hiciste en mi cumpleaños, y nunca se me olvidará.

- Madre, nunca olvidé tu cumpleaños, sólo que estaba en Francia, y no iba a llegar a tiempo, necesitaba cerrar ese trato.

- No se preocupe señora Roberts, yo me encargo de que la señorita Catherine vaya a ese evento. –dijo el señor Ahern.

- Vaya, por fin te conseguiste un novio, y además está guapísimo, que bueno que mis creencias de que eras lesbiana eran falsas. –dijo mi madre.

Adam, al escuchar eso, tuvo que ahogarse su risa.

- No, señora, no soy el novio de su hija, soy su asistente personal, me llamo Adam Ahern, mucho gusto. –dijo Adam.

- Ay muchacho, mil disculpas, bueno, no quiero hacer esto más grande, me voy cariño. –dijo mi madre.

Se acercó a mí, me puse de pie, y abracé a mi madre, y antes de alejarse de mí, me dijo al oído:

- Hija, no seas estúpida, a miles de kilómetros se nota que le gustas a ese muchacho, no lo vayas a lastimar, se ve que es buena persona. -con eso recordé que ella sabe lo que me gusta hacer con ciertos caballeros, bueno, una parte.

- No te preocupes. –murmuré.

- Ah, una cosa más, Adam, estás cordialmente invitado, espero que puedas acompañarnos.

- Será un placer. –contestó Adam.

- Bueno, Adiós. –dijo mi madre.

Salió apresuradamente del despacho, y a los pocos segundos, llegó Carrison, mi jefe de seguridad.

- Buen día, señorita, le traigo el informe del estudio. –dijo Carrison.

- ¿Algún dato relevante? –pregunté.

- No, sólo aparecen sus huellas y las de Clara, pero vimos que hay unas borrosas, trataremos de ver de quién son, pero va a ser muy difícil.

- Muy bien, gracias, se puede retirar.

- Con permiso.

- Propio.

Carrison salió de la oficina, y rápidamente, el señor Ahern cerró la puerta, y dijo:

- Creo que tenemos una plática pendiente.

Loca adicción (Loca adicción 1, Completa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora