VIII

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Me costaba admitir lo vulnerable que era.
Me daba miedo que los demás
notaran cuando me lastimaban.
Prefiero clavarles una daga primero,
y si era necesario;
Sufrir después.
Cada día se hacía más difícil separar la realidad de mi campo de juego.
Temía que el día en que fuese imposible llegara.
Llegaría, y ahí ya no habría vuelta atrás.
Estaría sola, a partir de ese momento.
Aunque ¿cumpliría mi objetivo, no?
¿Qué era capaz de perder y que no? -No lo sé...
Era inevitable, yo no tenía el control.
Ya no podía escapar.

Diario de ElizabethHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora