XIX

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Al contrario de la mayoría, amaba los lunes.
Ese olor a decepción
por la mañana.
Levantarme temprano
nunca sería más pesado
que ese baúl de recuerdos que llevo conmigo
todo el tiempo.
Aunque siempre estaba de mal humor ese día.

Sí, es irónico. ¿Pero qué en este mundo no lo es?

Cuando estoy demasiado sola tiendo a pensar
a montones.

Mi cerebro comienza a resquebrajarse poco a poco,  eran  como lombrices andando en mi cabeza. igual de sucias asquerosas que mis intenciones. Lo que quieres tiene un precio y para ti cariño soy peligrosamente costosa.

El quedarme con mis pensamientos era doloroso, más de lo que puedo explicar.

Todo este juego, del que también formaba parte, me giraba la mirada, ellos dejaban de estar de mi lado.                                                                                                                                                                                                                           Sólo sabían destruirme y enseñarme a destruir.

La verdad no creo que ellos estén de algún lado, más que de aquel que les proporcione lo que desean; alimentarse.

A veces eres el cuchillo y a veces la herida, dicen.

Y eso no puede estar más apegado a la realidad.

Estar en el instituto era mejor que ser la herida.
Además, estaba en un lugar con miles de seres frágiles de los que podrían alimentarse.

Y esa era la frase que le repetía a mis pequeños amiguitos todos los días.

Diario de ElizabethHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora