XXXIII

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Como el amor en medio de la guerra.

Muriendo o viviendo, por causas nobles o por venganzas crueles.

Habíamos agotado ya las palabras de amor.

Guardamos silencio, al igual que dos ejércitos a punto de librar batalla.

Qué triste que luego hayas tenido que cargar conmigo, como un estandarte destrozado.

Créeme, la suciedad se apodero de mi hace milenios.

No me toques,

No me veas,

Ni desperdicies tu vida acercándote a la escoria de esta Tierra.

Nunca debí acercarme a ti, créeme que me has hecho despertar. Quizás sea demasiado tarde para nosotros. 

Nunca he deseado revertir nada, y por primera vez me lamento de mi existencia, de mi capacidad de destruir, de mentir, de lastimar. Destruyo todo lo que mis labios tocan, mi boca tiene sabor a hiel.

Mi mente está rota, al igual que mi corazón. Los gusanos se comen mi alma, me hacen llorar... solo quiero sanar de este cuchillo profundo. De este pánico absoluto. De esta tempestad.

Y sinceramente no sé cuál de los dos es peor.

No podría enumerarte las causas,

Tampoco las consecuencias de mis acciones.

No soy una de esas trágicas historias que al final, todo sale bien

Y aprendes una valiosa lección.

Lo sé, es triste. Las lecciones se aprenden de palos y no de clases.

Nada es tan bonito como te lo pintan,

Todo es distinto a cómo te lo muestran.


Diario de ElizabethHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora