XXIV

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Rutina de abrir mi pecho;
La tuya.

Rutina de darte la llave;
La mía.

Son rutinas que matan
y yo que a poco me muero
cuando alguna falla.

Estás acostumbrado
a ver el desorden
de mi habitación,
mas te advierto algo amor:
No me liberas de mi confusión.
Solo pasas a formar parte de ella.

Como el retrato más bello de mi habitación,
eras un mi sostenido
 en esta escala;
en mi viejo piano
nunca estabas,
y era una suerte.

Las ganas de verte
contradicen al tiempo,

que con cada minuto
se hace más y más lento.

Aunque el viento
Se lleva las páginas
de este libro,

Su dulce sabor
colmó mi boca de
Alegría.

Tu mirada era poesía
Que alumbraba
Mis noches frías,
Tu voz la ansiedad
Por seguir adelante.

Tomando a la vida por el volante.
Vigilante permaneces...
Y yo vuelvo a caer,

Mi escenario es un abismo.
Cuando estoy arriba;
Tengo la fama y la gloria
Que al mirar abajo
 temo perder.

El vértigo no me deja ver
Que abajo estás tú

Por si vuelvo a caer.
Y yo temía...
El positivismo no era mi fuerte,
El temor a la muerte
 era nulo,
Pero perderte me mataría sin tocar armas.

Diario de ElizabethHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora