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Cuando cumplí los trece, me hicieron una pequeña fiesta, pero fue la presencia del castaño al final del día, cuando había regresado de trabajar lo cual me puso feliz.

Según estaba enterada a causa de las charlas en la mesa, el junto a mi hermano trabajaban juntos en el taller de motocicletas.

—Feliz cumpleaños a la treceañera— exclamo y me tendió un obsequio, pero no supe que era una cadenita hasta horas mas tarde, y luego lo conservara en mi cuello siempre que lo veía.

Aunque fue el beso que me dio en la mejilla, lo que logro que si fuera un final de cumpleaños fantástico.


Un amor de dictadura. (Uruguay)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora