Cumpleaños.

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El día había llegado, su cumpleaños.
Era jueves por la mañana cuando llego a la escuela, luciendo una sonrisa radiante. Sabía porque.

-¡Feliz cumpleaños, tonto!
-¡Es mi cumpleaños, tonta!

Reimos y corrí a darle un abrazo.

-Me encanto tu Biblia, niña.
-Pues era mia, obvio que te iba a gustar.

Me dio una sonrisa y fuimos a sentarnos en nuestros respectivos lugares y el día paso normal. Los recesos se los dejaba a sus amigos, para que platicaran y lo felicitaran.

Una clase antes de salir de la escuela, Miriam se acerco temerosa y me entrego un sobre, me dijo que se lo entregara a el cuando acabara la fiesta.

-¿No vas a ir?

Me dirigio una mirada cansada y nego con una sonrisa en su rostro.

El día prosiguió normal y las clases acabaron, la fiesta estaba por empezar y estaba nerviosa. El regalo había llegado ese mismo día despues de la escuela, cosa que agradecí mucho.

-Ya viene.

Nos escondimos y cuando llego gritamos feliz cumpleaños el, sorprendido comenzo a reir y empezo a recibir abrazos por parte de los invitados. La fiesta transcurrió entre risas y bromas, gritos y golpes.

Cuando todos se fueron el se acerco a mi y me abrazo fuerte.

-Muchas gracias.
-Ya niño, no fue para tanto.
-Me encanto lo que hiciste por mi, de verdad.
-Y ni te he dado tu regalo.

Dejo de abrazarme para ver mi cara, solo era unos pocos sentimetros mas alto que yo, así que cuando dejo de abrazarme mis ojos quedaron viendo sus labios. Me quite la imagen de el y yo basándonos y fuí a donde guardaba el regalo.

-Antes de dartelo quiero contarte algo. He estado hablando con Vidales y hemos estado planeando algo para ti, queremos hacer una fiesta de bienvenida, tenemos planeado algo y queremos que sea especial. Te vamos a reunir con tu amigo en un mes y medio.
-Pero, ¿qué el no vuelve en dos meses?
-Exacto.

Me miro sin creerlo, sabía que iba a sorprenderse porque el lo quería mucho.

-Yo, Dios mio, yo...no...

Se hecho a mis brazos de nuevo y murmuró un pequeño gracias en mi cuello, lo rodie con mis brazos y sonreí en su hombro.

-Bueno, para rematarte.

Le entregue su regalo, una pequeña pulsera con un ancla en ella. Tenía grabado una pequeña frase en la que se leía "a sus ordenes, capitan" con una pequeña S a un costado.
El sonrio y ví que trataba de no llorar.

-No, no llores.
-No voy a llorar, tarada. Es hermoso, no se que decir.
-Di, gracias bebé, amo tu regalo, OMFG es hermoso.

Dije imitando el tono fresa que a menudo se escuchaba en mi escuela.

El solo rio y me abrazo, nos fuimos hacía donde se encontraban nuestros padres y nos despedimos.

El mejor cumpleaños de la vida. Y el ultimo.

Algo así deberían ser las pulseras, pero con el pequeño grabado y la letra S

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Algo así deberían ser las pulseras, pero con el pequeño grabado y la letra S. ❤

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