Luego de retozar un rato (en donde retozar consistía en: perseguirnos el uno al otro, abrazarnos, empujarnos, reírnos, cantar y bailar como borrachos, e incluso hablar un idioma que ni sabíamos que existía), Brandy y yo por fin salimos de la habitación, ella usando una de mis camisetas con el escudo del Capitán América y uno de mis jeans ajustados que a pesar de todo le quedaban bastante bien, y yo con una simple camiseta blanca y bluejeans oscuros, ambos descalzos porque hoy queríamos jugar a ser rebeldes. Caminamos por el pasillo con las manos entrelazadas, deteniéndonos en seco cuando escuchamos voces y risas provenientes de la cocina, voces que por cierto no era capaz de identificar. ¿Habían malditas personas en mi casa? ¿Quien carajos los dejó entrar? Si había una cosa que mi padre no era, era social. Que mierda sucede.
Nos miramos un segundo, ella frunciendo el ceño. Había comprobado que varias cosas habían cambiado desde que mi padre había llegado a Estados Unidos, sólo esperaba que su estatus social no fuese una de esas. Estar a solas con él, hablar sobre nada en particular y luego disfrutar del silencio era una de mis cosas preferidas de hacer, y no iba a dejar que eso llegara a cambiar. No necesitaba más cambios repentinos en mi vida.
Dispuesto a averiguar que estaba sucediendo, di los últimos pasos que restaban para atravesar por completo el pasillo y llegar a la cocina. Mi mandíbula cayó cuando vi a uno, dos, tres... ¡seis! Seis hombres sentados alrededor de mi mesa, uno de ellos siendo Robert Jhonson.
—Que mierda es esto —espeté-gruñí cruzándome de brazos. Mi buen humor se esfumó en el mismo instante en que puse un pie fuera de mi habitación, sabía que debíamos quedarnos dentro pero ella insistió en que deberíamos salir a comer algo. Sentí las manos de la pelinegra detrás de mi deslizarse por mi cintura hasta descansar entrelazadas sobre mi estómago colocándose de puntitas para ver a través de mi hombro. Ella sabía que no podía evitar que me alterara con esta situación, sobretodo al ver las botellas de cerveza sobre la mesa, pero al menos podría con si toque suavizarme un poco. Y lo logró, mis hombros se destenzaron, pero mi frente seguía fruncida.
Mi padre rodó sus ojos ante mi vocabulario y luego sonrió, poniéndose de pie, dando varios pasos hasta donde nos encontrábamos. —Y este es mi hijo Samuel, del que tanto les hablaba —le comentó a sus amigos.
Esta vez me tocó a mi rodar los ojos, bufé gruñón. —Explica las cervezas.
Sus ojos se abrieron un poco más, sorprendido por mi pregunta indiscreta. —Oh. Bueno, son botellas de cerveza...
—Lo he podido notar.
—Pero no con cerveza adentro, si no agua. Mira. —Llegó hasta mi, me tomó del brazo y me jaló hasta la mesa donde esos hombres me miraban bastante curioso. Levantó una de las cervezas y prácticamente me obligó a oler y probar su contenido para que viera a lo que se refería.
Luego de comprobar que el líquido no era lo que yo pensaba quedé aún más confuso. —Uhm, ¿por qué bebes agua en botellas de cerveza? ¿por qué todos lo hacen, en realidad? ¿se les tostó el cerebro?
Mi padre frunció el ceño y levantó su mano golpeando mi nuca, lo suficiente para causar solo un pequeño dolor de algunos segundos. —No seas grosero, te recuerdo que aún estás en edad de azotarte con el cinturón. Agradece que no soy un padre violento.
—Como sea. Quiero mis respuestas, estoy perdiendo la paciencia.
—Bien. —Se dio la vuelta—. Samuel, ellos son mis amigos de Alcohólicos Anónimos, beber agua en botellas de cerveza es parte de nuestra terapia, se empieza desde lo más mínimo, hasta que simplemente lo dejas. En realidad no es tan sencillo como se escucha, pero algo es algo...
Pasó una mano por su canoso cabello y enseguida noté su nerviosismo. Mi padre no era de esos que se ponían nerviosos, y mucho menos de los que empezaban a balbucear, así que supe de inmediato que esto era algo que se estaba tomando con demasiada seriedad, quizás no lo demostré, pero fui inmensamente feliz en ese momento. Sentí que por fin la mañana oscura se estaba aclarando para nosotros.
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Samson
RomanceÉramos como estrellas perdidas tratando de iluminar la oscuridad, pero al final terminábamos ahogándonos en nuestras propias lágrimas.
