Capítulo 14 | Mátame con gentileza.

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        Mis dedos tamborileaban sobre la mesa mientras observaba como mi padre se comía un sándwich con lechuga y tomate de la manera más calmada y lenta posible. Él masticaba a su ritmo, tomándose su tiempo y yo ya estaba empezando a desesperarme.

—¿Puedes dejar de golpear tus dedos en la mesa como si de un tambor se tratase? Modales, Samuel —me riñó luego de un rato.

Las arrugas empezaban cada día a hacerse más notorias, y por más que él intentase negarlo, su cabello era ahora más blanco que negro.

—Lo siento —me disculpé, últimamente era lo que más hacía. —Tengo que contarte algo.

—¿El por qué hay un pájaro en mi mesa de la cocina? —levantó una de sus cejas bien pobladas y me miró serio, y luego miró al pequeño animal envuelto en una muy gran sábana.

Acaricié las suaves plumas de su diminuta cabeza con la punta de mis dedos y lo arropé mejor en la tela. Acerqué mi cabeza a él. —No lo escuches, pequeñín —susurré.

Mi padre bufó y rodó sus ojos, para luego darle otro mordisco a su pan de dieta. —¿Me ibas a decir algo? —habló con la boca llena de comida, masticando con dificultad.

—No se habla con la boca llena. Modales, Robert —me burlé.

Chasqueó su lengua y miró al techo, claramente cansado de mis juegos. Los último veinte minutos su atención estuvo siempre puesta en sus rodajas de pan, hacia todo lo posible para ignorar el hecho de que yo estaba también allí.

—He conseguido un trabajo —le solté de sopetón.

Dejó de masticar poco a poco, sus ojos se ampliaron y me miró asombrado. Sus cejas se encontraban levantadas, y rápidamente tomó un sorbo de agua. Tragó duramente y luego de varios segundos habló: —¿Que? —Su voz sonando rasposa.

—Mas bien, Brandon me consiguió un empleo —aclaré—, en el taller de su padre, por las tardes luego de clases.

—Samuel... —pronunció lentamente, mirándome arrepentido.

Me dolió en lo más profundo esa mirada.

—Sé que no es mucha la paga, pero al menos es algo, y en verdad lo necesitamos.

—No tenías porqué hacerlo hijo, se supone que tu eres mi responsabilidad, no viceversa.

—Necesito hacer esto, no sólo para ayudarte a ti, si no por mi, necesito dejar de sentirme inservible.

Su mano se extendió por sobre la mesa alcanzando la mía, acariciando con gentileza. Su mirada cambiando completamente.

—No eres inservible. No pude haber pedido un hijo mejor que tú —habló de la misma manera suave en que acariciaba mi mano y sus ojos me miraban.

—Gracias —susurré, porque en verdad necesitaba escuchar esas palabras salir de su boca—. Últimamente siento que estás molesto conmigo todo el tiempo. Me hace sentir... triste.

—No es eso, Samuel. Desperdicié mucho tiempo valioso en cosas que no debía, cuando en realidad debía estar en casa criando a mi hijo. Ahora el tiempo pasa, me vuelvo más viejo y tu más maduro, y siento que el tiempo de formarte como un buen hombre se me está agotando, y me siento tan arrepentido por eso. —Habló suavemente, mirándome directamente a los ojos.

—Soy quien soy ahora todo gracias a ti.

—No quiero que cometas los mismos errores que yo, por eso puedo resultar ser en ciertas ocasiones algo duro, brusco de palabras si se puede decir, pero lo hago porque quiero lo mejor para ti.

SamsonHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora