No le resultaba fácil a cualquiera el levantarse a tempranas horas de la mañana cuando no has podido pegar un ojo en toda la noche, y tanto tus músculos como cerebro se encuentran increíblemente cansados. Nadie debería irse a dormir con el corazón roto, o al menos siquiera intentarlo.
¿Porqué dejamos en manos de alguien más algo tan valioso como lo es nuestro corazón, aún sabiendo que pueden hacerlo añicos en un sólo pestañeo? ¿Porqué amamos tanto, y la mayoría de las veces sin esperar nada a cambio? ¿Porqué siendo la especie que más razona en el mundo, cuando nos hablan de amor la mayor parte del tiempo se nos olvida hasta pensar?
Era muy temprano en la mañana cuando me hice todas estas preguntas a mi mismo, sentado frente a la ventana contemplando como los brillantes rayos del sol empezaban hacerse paso a través de las rosáceas nubes. Maldigo el momento en que dejé que mis pensamientos tomaran control de mi, porque ahora no sé como volver a sentirme dueño de mi mismo.
Me preparé con lentitud para comenzar el día y salí de la casa cuando aún algunos podían decir que era de noche. No tenía sentido quedarme mucho más tiempo en la cama, cuando lo único que haría era rodar y rodar de un lado para el otro pensando en todo a la vez, y sin poder dormir cinco minutos más. Me dirigí hacia el taller, inclinándome hacia el suelo e introduciendo la llave en el candado y empujando luego la puerta de metal hacia arriba. Dándole un vistazo al interior me di cuenta de que nadie había llegado aún, lo cual no me sorprendía en absoluto.
Presioné el interruptor a un lado y las luces pestañearon varias veces antes de iluminar por completo el lugar. El viejo auto rojo descapotado del señor Morrison se encontraba arrimado al final del taller, recordando que necesitaba que alguien le echara un vistazo me dirigí a éste. Me quité la camiseta a mitad de camino y la lancé sobre la mesa en una esquina. Me deslicé debajo del auto con una linterna en una mano y la caja de herramientas muy cerca de la otra.
Aproximadamente veinte minutos después risas invadieron el lugar, no necesité salir de mi escondite para descubrir quienes eran.
—Está bieeeeeen, como digas. Pero sigo creyendo que Capitán América es mucho mejor que los otros.
—Sólo porque la última película lleve su nombre no significa que sea mejor.
—¡Claro que si! —chilló Callie.
¿Había incluso alguien mejor que Capitán América? Y ni hablar de Chris Evans.
—Hey, se supone que tu turno es el de la tarde, aún faltan varias horas para eso, Sammy —habló Brandon. Vi como se agachaba y su cabeza aparecía en mi campo de visión debajo del auto.
—Lo sé, es que necesito distraer mi mente un momento. Estar encerrado está acabando conmigo. —Me deslicé fuera del viejo cacharro, limpiando el sudor que goteaba de mi frente con mi antebrazo.
Brandon me observó un rato en silencio, hasta que no pudo contenerlo más. —Luces terrible, bro. Tienes una ojeras gigantes.
—Muchas gracias —dije con ironía. Apoyé las palmas de las manos sobre el suelo y me impulsé hacia arriba, sacudí el polvo de mí y froté mis pantalones.
Callie corrió hacia mi y me rodeó con sus bronceados brazos. —Ambos están hechos pedazos, ¿que ha sucedido? —habló en mi cuello.
—Mejor preguntáselo a ella —espeté
—Te lo estoy preguntando a ti, cabrón.
Rodé los ojos y aparté sus brazos lentamente de mi para no parecer odioso. —Hemos roto.
—¿Que? ¿Por qué?
—Callie, no seas entrometida, que no ves que el pobre la está pasando mal —la riñó su castaño novio.
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Samson
RomanceÉramos como estrellas perdidas tratando de iluminar la oscuridad, pero al final terminábamos ahogándonos en nuestras propias lágrimas.
