Seis y veintiocho marcaba el reloj de iron man atado a mi muñeca izquierda. Aún era malditamente temprano. Me removí sobre el colchón y mi vista viajó hacia la ventana, el sol apenas empezaba a hacerse notar y el cielo estaba de un color rosado digno de sentarse a admirar la hermosura que la madre naturaleza nos brindaba cada día.
Solo que yo no tenía tiempo para hacerlo.
Me puse de pie y me desperecé, sentí como todos los músculos de mi espalda crujieron y sonreí de placer. Cuatro noches ya en San Francisco y esa definitivamente había sido la mejor; once largas e ininterrumpidas horas de sueño profundo, ah que delicia. Después del trágico y turbulento inicio del día de ayer cualquiera necesitaría unas cuantas horas de descanso, y bien que me las merecía.
Salí de la habitación usando únicamente unos bóxers negros, rascando mi cabeza, mis cabellos negros estaban un poco más largos de lo normal y se enredaban entre mis dedos, a veces incluso bajaban sobre mi frente y obsticulizaban mi vista. Tendría que cortarlo pronto.
Escuché risas cuando me dirigía al baño, no cualquier risa, la risa de una mujer ¿que mierda? Caminé a la cocina, de donde deduje provenía el sonido y me asomé cautelosamente.
Lo primero que observé fue un plato con dos muy apetecibles sándwiches sobre la encimera color crema, mi estómago rugió de inmediato exigiéndome que lo llenara con algo, preferiblemente esos hermosos pedazos de pan. Mi boca se hizo agua cuando vi un líquido amarillo dentro de un vaso de vidrio al lado del plato, el ambiente olía a naranjas.
Mis piernas casi corrieron a donde la comida tibia se encontraba, rápidamente llevándomela a la boca y degustándola lo mejor que podía. Gemí cuando mis papilas gustativas sintieron el sabor a jamón de pollo, amaba el jamón de pollo, pero era demasiado costoso así que sólo lo comíamos en ocasiones especiales ¿es esta una ocasión especial? Ojalá y lo fuera porque necesito más de estos en mi vida.
Y luego escuché las risas de nuevo. ¿Debería darme la vuelta? Observé mi flacucho cuerpo casi desnudo y pensé, hay cosas peores que ver, así que me di la vuelta. Ah, y que sorpresa me llevé.
Mi padre sentado en la única silla de la cocina, y Brandy a su lado con también un vaso de jugo en la mano. Ambos me miraban con una expresión divertida en sus rostros y jamás me había sentido tan avergonzado en mi vida.
Mis mejillas infladas y llenas de comida tomando un color rojizo. Ah genial. Quizás debí ponerme algo antes de salir de la habitación.
—¿Está rico el pan, Samson? —Y tuve que beber un largo trago de jugo para no ahogarme.
Cuando mi boca quedó vacía y pude articular palabras, estas simplemente no salieron, únicamente pude asentir. A ella no pareció importarle.
—Que bueno, porque los preparé yo —sonrió de lado, limpiando con su pulgar la marca roja dejada por su pinta labios color carmín sobre el borde del vaso. Casi se podría decir que me quedé embobado viéndola.
Miró tranquilamente la pantalla de su teléfono, pude ver como sus uñas de tono azul naval marcaban sobre la pantalla táctil, y luego sus ojos se ampliaron en pánico.
—¡¿Y que estás esperando?! ¡Llegaremos tarde!—-casi chilló dirigiéndose a mi.
—¿A dónde? —pregunté de nuevo con la boca llena.
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Samson
RomanceÉramos como estrellas perdidas tratando de iluminar la oscuridad, pero al final terminábamos ahogándonos en nuestras propias lágrimas.
