Me vestí con la mejor camisa que tenía, los mejores —aún sin estrenar— pantalones negros que tenía, y mi chaqueta de cuero. Las dos primeras piezas habían sido mi regalo de cumpleaños algunos meses atrás por parte de Ryan, junto a un carísimo perfume de marca, me arrepiento ahora de nunca haberle dado las gracias adecuadas. Sólo quería borrar ese día tanto del calendario como de mi memoria.
Me dijo con una sonrisa que usara ese atuendo en cualquier ocasión importante, y yo sólo gruñí y me encerré en mi habitación sin ni siquiera mirar el paquete en sus manos. Horas más tardes lo encontré puesto delicadamente frente a mi puerta. No lo vi en el resto del día, jamás me sentí tan culpable. Lo peor de todo es que nunca llegué a disculparme, o al menos, dar las gracias.
Y es que cuando el daño ya está hecho es que te arrepientes de haber sido tan mierda de persona con esos que no se lo merecían, y lo único que querían hacer era ayudarte.
Hice lo que pude con mi cabello, tirándolo a un lado y fijándolo con un poco de agua del oxidado grifo.
Mi piel estaba muy pálida de nuevo, pero a pesar de eso recuperé en muy poco tiempo todo el peso que había ganado en Yorkshire con las comidas que mi madre y Ryan preparaban con mucho cariño, y que perdí cuando llegué aquí, todo gracias a ella, y su generoso corazón.
Jamás sería capaz de agradecerle todo lo que había hecho por mi y mi padre. Ni mil acciones, ni un millón de palabras serían suficiente. Porque simplemente, yo no era ni sería algún día, suficiente para ella.
Ella me había salvado en todas las maneras en que se puede salvar a alguien, y me mataba saber que no era capaz de pagarle de vuelta.
Alisé la tela roja cuadriculada de mi camisa para luego cerrar bien mi chaqueta. Tenía que estar preparado para el gélido frío que se acumulaba en las calles desoladas.
Como supuse, la cuadra estaba repleta de hermosos autos y gigantes camionetas que brillaban como diamantes, los ojos casi se me salían de sus cuencas cuando veía un auto y el siguiente era mucho más hermoso, y luego el próximo los superaba a ambos.
La bombilla se encendió en mi cerebro. Iba a conseguir un trabajo lo más rápido posible e iba a estudiar hasta desgastar mis pestañas, y luego, después de tantos años de esfuerzo, yo también tendría un auto así.
Mi mano quedó tentada en palpar la suave superficie del Mustang plateado estacionado frente a la puerta de la casa de los Williams, pero al final no lo hice, todo por miedo. Imaginé lo que se sentiría tener mis manos firmemente sobre el volante, con la música a todo volumen, y la hermosa chica a mi lado. Estaba soñando despierto.
Llegué a la puerta más rápido de lo que creí, y cuando escuché el murmuro de las conversaciones de la gran cantidad de personas dentro quise dar vuelta atrás inmediatamente. Pero algo llamó mi atención como si tuviera un gran cartel con letras de neón y una flecha apuntándolo.
En la jardinera se encontraba un pequeño pedazo de papel rosa arrugado, y lo reconocí como ese pequeño papel que Brandy había lanzado a un lado un día después de haber dormido juntos. Antes de que todo cambiara.
No quería ser un entrometido, por eso dudé en si tomarlo o no, al final agachándone y tomándolo entre mis dedos. Cuando estuve a punto de abrirlo, la puerta de entrada se abrió en mis narices. Como pude lo introduje en uno de los bolsillos de mi chaqueta.
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Samson
RomanceÉramos como estrellas perdidas tratando de iluminar la oscuridad, pero al final terminábamos ahogándonos en nuestras propias lágrimas.
