Capítulo 17 | La chica de sonrisa salvaje.

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        —¡Samuel! —Escuché a mi padre gritar mi nombre con exigencia y algo de reproche. O quería que le hiciese un favor o yo la había cagado y bien grande, esperaba con ansias que no fuera la segunda.

Rodé sobre la cama con holgazanería, suspirando fuertemente, para al final terminar colocándome de pie y caminar hasta donde él se encontraba. Lo vi sentado en la mesa de la cocina, contando una y otra vez los varios billetes que tenía en sus manos. Sus lentes de lectura se deslizaban por sobre el puente de su nariz hacia abajo, pidiendo a gritos que los volvieran a acomodar en su lugar. Me miró por sobre sus pestañas mientras cruzaba el lugar hasta colocarme a su lado.

—Samuel, necesito que vayas a la panadería y compres un paquete de pan integral, y algunas rebanadas de queso... No, mejor no, después no alcanzaría para la renta de este mes. Dios. —Sus manos se fueron a su cabeza, tomándola con las palmas abiertas, masajeando un poco.

—Hey viejo, tranquilo —coloqué mi palma sobre su hombro para darle a entender que estábamos juntos en esto-, yo lo pago. No he gastado nada aún de lo que gano en el taller. —Me encongí de hombros sin darle importancia.

—Creí que habíamos dejado claro que era yo el que tenía que mantenerte a ti, no al revés. —Me reprendió.

—Lo sé, pero quiero hacer esto, también quería ir porque pienso comprarle un chocolate a Brandy —sonreí de lado.

—¿Y eso? —preguntó, sin separar sus ojos de los billetes.

—No es nada, sólo que me enteré de que le encanta el chocolate, entonces... ya sabes.

—No necesitas comprarle nada para ganarte más puntos con ella, creo que ya tienes demasiados tomando en cuenta todas tus escapaditas y donde pasas las noches —me miró de reojo, sus labios curvándose muy ligeramente.

—Demasiado nunca es suficiente, esta noche conoceré oficialmente a sus padres. —Él abrió su boca para comentar algo pero lo interrumpí, dejando sus palabras en el aire— Y además, ¿donde mierda queda la panadería?

Golpeó la mesa con sus manos haciéndome estremecer, mirándome con los ojos entornados y furiosos. —Maldito seas Samuel David, voy a meterte una barra de jabón en la boca a presión.

Temblé ante sus palabras, pero me lo tomé con gracia ya que yo a él también tendría que lavarle la boca con jabón. —De acuerdo, le preguntaré a Brandon.

[...]

Normalmente, cuando estás nervioso el tiempo se pasa mucho más lento, pero en este caso, estaba casi volando. Mientras anudaba el nudo de mi corbata en lo único que mi mente podía pensar era en la reacción de los padres de Bryana cuando conocieran al verdadero yo. "Van a amarte" Recordaba perfectamente sus palabras, pero, ¿y si no lo hacían? No es como si pudiera volver en el tiempo y repetir o dejar de hacer una acción, una sola palabra errónea y mi relación con la chica que amaba se iría al completo desastre. Había leído en libros y visto en películas, que padres como los que ella tenía eran extremadamente perfeccionistas y cautelosos cuando se trata de su única hija llevando un chico a casa, y luego estaba yo, que si me miraban sólo un poco de cerca cualquiera se daría cuenta del desastre andante que soy y siempre seré.

Nunca había ido a la casa de una chica con la plena intención de conocer a sus padres, porque simplemente no me tomaba las cosas en serio, era un adolescente la mayor parte del tiempo borracho que sólo buscaba un poco de diversión fácil. La relación más seria que tuve antes de Bryana, fue con Finn, y ni siquiera estábamos saliendo o algo, éramos sólo mejores amigos que se amaban el uno al otro, y tampoco llegué a conocer a sus padres ya que ni el mismísimo Fin sabía quienes eran. Aunque ellos, los muy sinvergüenzas, se presentaron el día del funeral.

SamsonHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora