Los siguientes días pasaron con extrema velocidad, entre largos ensayos de literatura y extensas horas donde ya prácticamente lo que sudaba era el mismísimo aceite de auto, hasta finalmente llegar al viernes, el día del juego. Habían sido unos días agotadores, puesto que Brandon estuvo ausente la mayor parte del tiempo en el taller debido a las prácticas de fútbol. Él se encontraba muy emocionado, y lo demostraba cada vez que podía, levantando a su rubia novia en brazos y dándole vueltas en los aires, o agarrando cualquier cosa que se encontrase en su camino y lanzarlo como si fuese el balón y gritar "¡Touchdown!" o simplemente correr de aquí para allá con mi mochila en brazos. Era algo bastante divertido de ver la mayor parte del tiempo, sobretodo cuando ya era hora de volver a casa y me tocaba perseguirlo por toda la calle para obtener mi mochila de regreso. No es fácil creer que tiene dieciocho años (y medio), pero así es.
La tarde había caído finalmente, el taller se encontraba cerrado hoy por lo que mi cuerpo se extendía vagamente sobre el sofá. Mi padre tomaba una larga siesta por lo cual el silencio reinaba en toda la casa,mientras yo contaba las pequeñas grietas en el techo sobre mi cabeza.
Tres, cuatro, cinco y seis grietas, y luego dos limpios golpes sobre la madera de la puerta de entrada. Suspiré pesadamente, rodando mis ojos, tomándome más tiempo del necesario para levantarme del sofá. Con pasos lentos, arrastrando mis pies por el piso, los pantalones de pijama rozando la superficie también, me dirigí hasta la puerta. No esperaba encontrarme con lo que me encontré.
—Brandy.
Su cabello se encontraba trenzado, cayendo a un lado de su cuello, a Callie le estaba gustando bastante hacer de peluquera, pero se relacionaba bastante con su verdadera pasión, la moda. Bryana dejó de usar sus shorts cortos y faldas de vuelos cuando los días de invierno se acercaban más y más, reemplazándolos por jeans oscuros ceñidos a sus piernas y un suéter de lana color vinotinto, acompañado de un lindo gorrito del mismo tono, mejillas rosadas y labios rojos, y por supuesto, sus converse negras, me había comentado una vez que a su abuela le encantaba vestirla cuando empezaba a hacer frío, a ella parecía no gustarle mucho la idea pero en realidad se veía increíblemente adorable. Su mirada tierna me buscó y sonrió lentamente, pero sin separar sus labios.
—Hola, Samson.
—Hola —balbuceé—. ¿Por qué... tu...? Faltan... —miré el reloj en mi muñeca— una hora y diez minutos para el partido.
—Lo sé. —Cruzó sus brazos sobre su pecho y se abrazó a si misma, sus labios temblaron y me sentí idiota por no haberla invitado a entrar. Me dolía bastante este punto al que habíamos llegado, anteriormente ella sólo entraba a la casa como si fuera la de ella misma, y ahora solo espera a ver si es bienvenida.
Me hice a un lado y señalé el interior de la casa. —Pasa adelante, está haciendo un frío de mierda afuera.
Ella asintió y se adentró en el lugar, la seguí de cerca viendo como se sentaba en el sofá que yo antes ocupaba, quise sentarme a su lado pero preferí quedarme de pie. Ella dio una rápida mirada a mi cuerpo y negó con la cabeza.
—No importa cuantas veces tu padre y yo te hayamos dicho que no duermas sin camiseta en esta época del año, tu siempre harás lo que quieras. —Me sonrió ampliamente pero aún con una pizca de tristeza.
Crucé mis brazos sobre mi pecho desnudo sintiéndome bastante avergonzado. —Lo siento, pero no es necesario, aquí adentro no hace tanto frío —murmuré.
—No te disculpes, es una característica propia de ti nunca escuchar a los demás, no intentes cambiar.
—No quiero sonar rudo ni nada por el estilo, pero ¿que estás haciendo aquí?
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Samson
RomanceÉramos como estrellas perdidas tratando de iluminar la oscuridad, pero al final terminábamos ahogándonos en nuestras propias lágrimas.
