XI | Capitulo

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CAPITULO 11


MELISSA


—¿Momi?


—¿Si, corazón?


—¿Qué hacemo?


—Nada cariño—lo mire por el espejo retrovisor—. Mami está viendo su próximo objetivo, tu sigue con tu galleta.


Sonreí cuando me hizo caso y miré en diagonal de donde estaba estacionada. El señor Acosta salía de una de las tiendas de joyería más selectas de la ciudad, mañana seria el cumpleaños de su esposa.


Y si tenía para comprar joyas en tan distinguida tienda, seguramente tendría para pagar todas las deudas de juego que tenía, más el uso de algunas chicas en el local.


Siendo un distinguido diputado, sus visitas eran privadas, con máxima discreción. Eso solo aumentaba el precio. Aunque dicha fuente de dinero que nos depositaba, ya no estaba activa. Y considerando que ayer visito nuevamente el lugar, cierta parte de su anatomía si estaba activa.


Estos trabajos de pagos eran parte de la agenda de Evans, pero dicho hermano mío estaba fuera de la ciudad adquiriendo un nuevo proveedor. Por lo que yo gustosa haría su trabajo y más aún, considerando la paga de un trabajo extra.


—Momi, quero más.


Vi como subió a su coche y como este arranco fue seguido por uno más. Así que tenía sus espaldas muy bien cuidada. Hombre listo, pero no tanto para endeudarse en estos rumbos.


—Cariño, ¿Te gustaría pasar a visitar al abuelo? —reí cuando soltó un chillido—. Mientras tanto mami hará algo de dinero.


* * *


Acomode a Chris entre mis brazos cuando las puertas del ascensor se abrieron, el peso de mi niño ya no era el de antes y más aún cuando se duerme. Sinceramente sacaría unos buenos brazos si seguía cargando a mi hijo cada vez que se dormía, pero prefería eso en vez de levantarlo.


Hice un poco de esfuerzo cuando tuve que abrir mi apartamento buscando en eso la cerradura, ya era tarde. Por suerte había comido algo en el camino y Chris en casa de mi padre, así que solo debía acostarlo y darme un merecido baño de espuma.


Si, el fajo de dinero que tenía en mi bolso me lo decía.


Me recosté contra la puerta cuando logré entrar, la oscuridad me recibió. Estaba demasiado cansada y tenía seguramente algunos hematomas en lo que resta de mi cuerpo.


—¿Qué...


—¿Se puede saber que mierda tienes en la mente? —la luz prendida me dio una perfecta imagen de Alexander sentado en la sala con un vaso en una de sus manos.

Una Madre En La MafiaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora