CAPITULO 32

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Discutir en un lugar como en el que estaban era la peor elección, ni hablar pudieron por la cantidad de gente alrededor...

En contra de su voluntad, Federico agarró la mano de Cristina y se la llevó.

No la dejó conducir, él ahora podía retomar sus actividades cotidianas, cerró la puerta de ella y luego se subió al volante...

C: tenemos que pasar por los niños...

Federico pareció ignorarla, encendió el coche y arrancó.

C: ¿me estás escuchando?? Federico, pasemos por los niños...
F: ¿y qué les vas a decir a ellos, Cristina??
C: tendré que pensarlo...
F: no hay nada que pensar porque NO te irás a ningún lado.
C: ya lo sabias, era cuestión de tiempo y que tú te recuperaras.
F: ¿quieres que me rompa la otra pierna o un brazo para que te quedes??
C: qué baboso eres...
F: yo lo hago, Cristina... No me importa...
C: estás loco...
F: llámame como quieras...
C: ¡siempre lo hago!

Como él no pasó por la casa de la señora que cuidaba a los niños, al llegar al departamento se adelantó, sacó una maleta y empezó a guardar su ropa...

F: ¿qué haces??
C: ¿todavía piensas que estoy bromeando??
F: lo que creo es que no me has entendido... NO vas a salir de esta casa. (Cerrando la puerta de la habitación y parándose de espaldas a ella) Ni siquiera de la recámara...
C: no puedes retenerme a la fuerza...
F: ¿y por qué no, Cristina??
C: quítate...
F: ya sabes como soy...
C: abre esa puerta o empezaré a gritar...

Cristina intentó, sin frutos, apartar a su marido de la puerta, mas bien él la aprisionó en sus brazos y la arrinconó contra la puerta...

F: Haré lo que sea para que te quedes...
C: ¿aunque yo no quiera quedarme contigo??
F: ¿ya no me amas...? Dímelo... Si es eso, entonces no puedo obligarte...
C: yo... No... No te...
F: mírame a la cara y dímelo, Cristina...
C: no quiero estar contigo...
F: no te creo... Eres una mentirosa...
C: no Federico... Déjame...

La boca de Federico inesperadamente buscó la de Cristina... Pues sí, la estaba besando a la fuerza, luchó contra sus manos, contra su cuerpo y desde luego contra sus labios... Todo para someterla...

F: nunca hubo mujer más importante en mi vida que tú... La única a quien quise hacerla mi esposa... Con la que tengo hijos por amor... La que me ha hecho cambiar... (Agitado pues eso de hablar y besar al mismo tiempo no era fácil)
C: ¿por qué me dices eso ahora...?
F: tú ya tenías que saberlo...
C: pero no me dijiste lo de tu hijo... Y eso me duele...
F: me dio miedo que pasara esto... Que te pusieras así... Fue algo que sucedió en el pasado...
C: pero está afectando nuestro presente...
F: dime si tienes algo que reclamarme del tiempo que hemos estado casados... Jamás fui infiel...
C: no sé si logre olvidarlo...
F: perdóname... No quiero estar lejos de ti... No puedo, Cristina... Yo te amo...

A Cristina por primera vez le pareció hermoso que Federico se refiriera a ella en concreto, sin mencionar a Elena, que por supuesto que era la adoración de ambos, pero su matrimonio era y sería la base sobre la cual sus hijos crecerían...

Y aquello la hizo sonreír... Él empezó a besarla de nueva cuenta... Entrelazando sus manos con las de ella... Aprisionándolas por encima de su cabeza contra la puerta...

Como si no tuvieran más espacio, se dedicaron a besarse en ese mismo sitio...

"Pero algo debe haber en su interior
Será por eso que te conquistó
Será algo bueno al fin y al cabo
Tú sigues enamorada de ese
Que te enrolla y que te envuelve
Y hace de tu vida lo que quiere
Y aunque no lo comprendas
Siempre vuelves con él..."

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