Avril se puso rígida ante las noticias de Jia mientras que Alice había entrecerrado los ojos, contemplando a mi secretaria con una expresión de sospecha. La había reconocido, evidentemente, y no había terminado de convencerle su presencia en el hospital; ambas se contemplaron mutuamente, estudiándose en silencio.
-Tenemos que largarnos de aquí –rompió Avril el silencio finalmente-. Ahora mismo.
Su tono ansioso hizo que todo mi cuerpo se pusiera en tensión. Aquella había sido la señal que necesitábamos para ponernos en marcha, pero me había quedado congelado en el sitio, sin saber muy bien cómo proceder; Alice había abandonado su particular cruzada de miradas con Jia, quien había desviado la mirada inteligentemente hacia su teléfono móvil y parecía encontrarse bastante interesada en lo que salía en su pantalla.
Después alzó la mirada hacia mí.
-¿Qué hacemos, Gary? –me preguntó sin rodeos-. La señal sigue moviéndose.
Avril se mordió el labio inferior al escucharla. La vida de su hermana se encontraba en la cuerda floja, pues no sabíamos qué planes tenía reservados Rebecca para Mina; yo no sabía si habría algún traidor más en mi manada y tenía que tomar una decisión en aquel preciso momento.
Alice también me miraba fijamente, a la espera de que hablara.
-No avisaré a nadie de mi manada –dije, procurando sonar lo más seguro de mí mismo-. Ya no sé en quién puedo confiar.
-Avisaré a mi madre, entonces –se ofreció Alice.
La consejera Iwata había sido una de las defensoras de mi caso frente al Consejo. Además, perseguíamos un mismo objetivo: atrapar a Rebecca; mi puesto como miembro del Consejo y como Alfa de la manada de Manhattan pendían de un hilo, un hilo que estaba unido estrechamente al nombre de mi hermana; si podía contar con su apoyo podría superar la prueba que me habían impuesto y podríamos eliminar el peligro que suponía para todos.
-Pídele que solamente lo hable con los miembros que me apoyaron en la votación –le dije, aceptando su oferta-. Que intenten reclutar el máximo de personas posibles, Rebecca no estará sola y vulnerable.
Si Kasper no había mentido sobre sus averiguaciones, Rebecca debía contar con otro benefactor que debía proporcionarle hombres que le habían ayudado a escapar de Willard, además de haberla mantenido oculta de la vista de todos sus perseguidores; Alice entornó los ojos mientras sacaba su propio teléfono móvil y tecleaba sobre su pantalla, de manera casi frenética.
Entonces, mi propio teléfono móvil empezó a sonar, provocándome un sobresalto de corazón. Reconocí el número de Gillespie y, venida de la nada, se hizo la luz dentro de mi cabeza.
Descolgué apresuradamente.
-Señor Harlow –murmuró el hombrecillo con un tono asustado.
-¿Qué sucede? –ladré, sintiéndome culpable un segundo después.
-Los hombres se encuentran inquietos, señor –se apresuró a responder Gillespie y me lo imaginé encogiéndose sobre sí mismo.
Entrecerré los ojos mientras me apartaba un poco de aquellas tres mujeres. No sabía con exactitud con cuántos efectivos contaba Willard, pero el hecho de haberme convertido en señor de Willard me había proporcionado lo que necesitaba; era posible que no pudiera confiar en mi propia manada, de lo que me encargaría tras colgar a Gillespie, aunque podía contar con todos aquellos licántropos.
Aún teníamos una oportunidad contra Rebecca.
-Avisa a todos los licántropos de que se preparen –le ordené, escuchando el ajetreo al otro lado de la línea-. Gillespie, os quiero ver a todos vosotros en la dirección que enviaré.
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Alpha (Saga Wolf #3.5)
Hombres LoboDiez años. La vida sigue y un servidor intenta pasar página. Estar dándolo todo para que luego elijan al otro es la putada más grande del mundo, pero la Tierra sigue girando y tú debes continuar. Y eso es lo que intento hacer... hasta que reci...
