El médico que me atendió, era un señor ya de unos 60 años de edad aproximadamente, él le encantaba hacer reír a las personas, pero eso no calmaba mi dolor. Sentía como si tuviera una pelota de beisbol atascada en el hueso, era realmente muy doloroso. Yo trataba de sentarme, pero era completamente inútil. Por un mes estuve en esa rutina, ya no me podía colocar los jeans, ya que al entrar me dolía, pero nada de eso evito que fuera a la iglesia, me quedaba de pie en todo el servicio. Ya había recuperado la pasión de servir a Dios y no la iba a volver a perder.
Después del mes, el médico me operó y ahora no podía casi ni caminar, pero no me rediría tan fácil, así que empecé a caminar con mucho cuidado. Él médico me prohibió volver a jugar futbol o hacer cualquier movimiento brusco, ya que a parte del quiste, me encontró la columna desviada.
Lentamente, recuperé mi andar pero no el poder sentarme. Me encargué de los niños de la iglesia y volvía a planificar el festi-niño. Todas las decoraciones y utilería lo realizaban de pie, al igual que todas las cosas. Le había colocado por nombre "Cristo es mi Superhéroe", yo estaba demasiado entusiasmada con la actividad. No había vuelto a la secundaria, debido a no poder sentarme y tenía que presentar todo a través de trabajos en casa para luego enviárselos.
Un mes antes de la actividad, ya tenía casi todo listo, faltaba algún que otro detalle, realmente estaba encantada con mi trabajo. Hicieron un ayuno congregacional en la iglesia que duraba más de cuatro horas y me estuve de pie todo ese tiempo, disfrutando de la presencia de Dios que se paseaba ese día, el ambiente era suave y placentero. Cuando ya estaba a punto de terminar el ayuno, el pastor empezó a orar y a clamar, haciendo que aquel ambiente se sintiera mejor que antes, todos lo acompañamos en aquella adoración, se sentía increíble, Dios se estaba haciendo notar. De pronto desde el altar, el pastor me llamó y yo me acerqué hasta adelante, él puso su mano sobre mí y me dijo
-¿Crees que Dios te puede sanar?-
-Si lo creo- dije con gran firmeza, tanta que ni yo reconocía esa seguridad en mí
Él me empezó a orar con su mano en mi cabeza, luego en mi espalda y sentí como una calidez acariciaba mi sacro y el dolor que sentía se fue desapareciendo. Cuando abrí mis ojos, abracé al pastor y él me respondió, mis lágrimas empezaron a brotar y le di las gracias a Dios por lo que había hecho, me sentía completamente diferente, mis lágrimas no paraban de salir, estaba demasiado alegre y gozosa como para eso. Sentí como algunas gotas húmedas mojaban mi hombro, me separé del abrazo y vi al pastor que lloraba conmigo, me di media vuelta y vi a la congregación llorando de gozo. Dios volvió hacer lo suyo, la adoración que teníamos en ese momento era inexplicable y sin que me lo pidiesen me fui a sentar, al hacerlo, sentí que estaba encima de un blando y suave colchón a pesar de que estaba sentada en una silla de plástico. Mi madre se acercó y me abrazó fuerte, una de las hermanas nos tomó una foto en esa posición. Ese día había pasado una prueba que había iniciado desde aquel día que me salió aquel quiste hasta ese momento, el poderme sentar era la confirmación de que superé otra prueba más.
Volví a la secundaria en temporada de exámenes finales, ya era la última semana, tenía que presentar al igual que los demás si quería pasar de año y con la ayuda del Señor Jesucristo los pasé todos con la mayor nota, excepto el de matemáticas. El día que presenté el examen de matemáticas, fui la última, yo no había terminado y el profesor me dejó encerrada en el aula de clases
-Trata de terminar este ejercicio y verás que se te hace más rápido- dijo la voz de un joven a mi lado señalando mi examen, haciéndome sobresaltar, ya que pensaba que estaba sola
-Gracias, pero ¿por qué te quedaste? Tú no tienes examen- le dije tímida y observando que él no tenía hoja en su mesa
-Quise acompañarte. Me llamo Derwin Hernández. Sé que con tanto estrés en los exámenes, más la primera semana de clases que Leonel te estuvo coqueteando y tú no le paraste al igual que cada vez que te encuentras afuera no me había podido presentar ¿eres cristiana verdad?- dijo él de forma natural y dejándome sorprendida, mientras yo terminaba mi examen. Ese chico realmente era bastante observador
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Historia de una Guerrera
EspiritualAtención: Basada en una historia real Esta historia trata de la vida de una guerrera de intercesión, el como logró avanzar y permanecer en la fe en Cristo Jesús a pesar de todas las pruebas, adversidades y los ataques constantes de las fuerza...
