La odiosa y nueva campeona

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 Vince había visitado a Charlotte a su propio apartamento para ver cómo iba su recuperación. Estaba lesionada de muñecas y codos, pero lo que le había provocado tanto dolor insufrible fue el desgarre de ambos tendones. Llevaba demasiadas tardes y demasiadas horas llevando su cuerpo al extremo, y la noche de la pelea con AJ fue lo que hizo que ambas articulaciones no dieran más de sí. Tras varias revisiones médicas se determinó que Charlotte estaría preparada para pelear con Rusev en la fecha prevista si no habían más altercados. Aún faltaban dos meses y las lesiones eran pequeñas. Lo importante era recuperar la flexibilidad.

Una vez le fueron retiradas las vendas continuó con la misma tanda de ejercicios exigentes. No sólo la demanda física era estricta, sino también la alimentación. Charlotte se sustentaba únicamente de proteínas, grandes ingestas de carne, pollo, arroz e incansables dosis de ensalada. Cada vez que el hambre la sacudía llevaba alguna zanahoria cruda o melocotón para comer entre horas, pero al ser tan alta y corpulenta aquello significaba tener siempre el apetito atormentándola, pues su estómago se llenaba a medias. Tenía terminantemente prohibidos los dulces de cualquier tipo, incluido el azúcar moreno, y preferiblemente, las ensaladas serían condimentadas con limón en lugar de sal o aceite.

Fue por esto que los resultados se vieron rápidamente en un cuerpo como el suyo. Subió de peso, agrandó los músculos y su fuerza se triplicó. A costa de perder flexibilidad, ganó fuerza. Pero su organismo necesitaba un sustento mayor que el de la lechuga, y la falta de grasa estaba haciendo que sus niveles de serotonina murieran drásticamente. Su estado de ánimo era muy irregular, y tal y como pasó la noche de la pelea con Styles, desencadenaba episodios violentos y desagradables. Pero Charlotte ya no era capaz de verlo.


Mansión de Orton


Becky: Aún no puedo creerme que te hiciera eso intencionadamente, siempre me pareció buen tío.

Charlotte: Zayn te parecía igual. Desde luego que tienes un ojo...

Becky: No es muy normal lo que me cuentas, qué quieres que te diga.

Charlotte: Bueno —miró su reloj— tengo que volver al gimnasio.

Becky: Pero si vienes de allí, ¿no?

Charlotte: Tengo que volver, la semana pasada se me ha ido en un suspiro y no podía hacer nada hasta que me quitaran las vendas.

Becky: ¿No te duele nada?

Charlotte: No, ya no. Pero al parecer hay riesg... —dijo cortándose a sí misma, cambiando de frase— pero no, no duele.

Becky: ¿Qué hay riesgo de qué?

Charlotte: Dudo que pase, con lo cual... —se puso a jugar con Breffny, el hijo de Becky y Randy, tocando sus manos. Una sonrisa natural pobló su rostro.

Becky: Para, Charlotte. Oye, mira... no quería decírtelo, pero... sé lo que le dijiste a Bayley y lo que piensas de ella. Y últimamente cada vez que te veo actuar pareces otra. ¿Qué pasa, todo va bien en tu casa?

Charlotte suspiró, poniéndose en pie frente a su amiga, pero mirando al suelo.

Charlotte: Bayley es una lagarta repulsiva.

Becky: ¿Qué? ¿Va en serio, piensas eso de alguien como ella?

Charlotte: Está con mi ex, Bec. ¿Qué amiga hace eso?

Problemáticos ( I )Donde viven las historias. Descúbrelo ahora