Epílogo
En Corthouse Rose había vuelto a su trabajo, su relación con su esposo había vuelto a la normalidad, la falta de intimidad recomendada por el doctor tras el parto, había dejado pendientes muchas cosas entre ellos, a pesar de la complicidad que existía entre la pareja, se mostraban cautos, como si no quisieran enturbiar la felicidad conseguida. Como si las palabras pudieran invocar de nuevo los problemas.
Dos meses después del nacimiento de Gabriel Cortwind Edmund se trasladó a la habitación de Rose.
─ ¿Qué esta haciendo?─ preguntó ella al ver al ayuda de cámara haciendo sitio en su vestidor para las cosas de su marido.
─ Es muy molesto tener que ir y venir. Además necesitas un lugar para trabajar, un cuarto que no esté lejos de tu dormitorio, ni de la habitación de los niños. Mi habitación reúne todos los requisitos.─ Contestó su marido desde el umbral de la puerta que comunicaba ambas habitaciones.
─ No es necesario que renuncies a tu privacidad, hay muchos cuartos vacíos en este piso.
─ Lo sé. Pero no quiero volver a dormir solo.─ Ella le miro con malicia.─ Quiero decir que quiero dormir contigo. Aquí, todas las noches, el resto de mi vida.
Cuando el ayuda de cámara y Jenny terminaron de acomodar las cosas del vizconde y se marcharon, Edmund camino hasta Rose para quedar frente a ella.
─ Tengo que confesar que sabía que
Elizabeth estaría en Fowey.
─ Lo sé.
─ ¿Lo sabes?
─ Supongo que cuando tu padre hizo el inventario de las cosas del conde de Ocam vio que faltaban los libros de claves. Y si no él, alguno de los criados leales al anterior conde.
─ Así es.
─ ¿Por qué me dejaste acompañarte?
─ Supongo que me pareció que si
estabas allí, te darías cuenta de que sólo me importabas tú. Mi intención no fue nunca seducirla, las joyas eran suficiente señuelo para tener a Elizabeth controlada.
─ Todo eso lo sé.
─ Dijiste que no podías soportarlo, pensé que no querrías volver conmigo, me refiero a tener un matrimonio de verdad.
─ Yo siempre he querido tener un matrimonio de verdad, y creo que ahora tenemos más que eso, tenemos una familia de verdad.
─ Te amo tanto.
─ Lo sé.
─ Ya sé que lo sabes, ¿pero no deberías decir que tú también me amas?
─ Ya sabes que te amo.
─ Debes prometerme que haga lo que haga nunca me abandonarás, desde este momento tienes mi permiso para dispararme si te doy motivos para ello, pero jamás vuelvas a dejarme.
─ No lo haré.
Sus labios apenas se habían encontrado cuando sus cuerpos se pegaron buscando traer a la memoria el contacto olvidado, Edmund recorrió el rostro de su esposa con los nudillos en una caricia de reconocimiento mientras ella le desabotonaba el chaleco y la camisa.
Sus manos cayeron a sus costados cuando entró Jenny con un bebé vociferante en la habitación, se lo entregó a Rose, en cuanto se marchó de la habitación, acomodó al niño entre sus brazos, se descubrió en cuanto el bebé tomo el pecho, se hizo la paz, Edmund se arrodillo ante ellos, besó la cabecita de su hijo, que le retiro la cara con la manita advirtiéndole claramente que no quería intromisiones con su madre, se sentó frente a ellos y su mirada vagó de uno a otro.
─No puedo imaginar otra vida en la que pudiera ser más feliz.─ dijo.
─ Yo tampoco.
─ Cuando termines debo insistir en revisar la fuente de alimentación de mi heredero, he de comprobar que todo es tan delicioso, como se ve.
Ella le sonrió y al instante su rostro se vio iluminado por el amor. Una luz difícil de definir, pero que quienes alguna vez amaron y fueron amados, reconocen al instante.
FIN DE LA NOVELA REDHOUSE. LA SAGA DE LOS HORTON CONTINUA CON LA SANGRE DE MIS VENAS.
Es importante destacar la excelente obra de la autora Lury Margud.
ESTÁS LEYENDO
Redhouse- Saga Los Horton 1
Narrativa StoricaEdmund concerta un matrimonio de conveniencia con la hermana de su amigo Virgil con objeto de tener un heredero para el título. Pero no podía ni imaginarse de que su novia podía ser tan bella, y cuando sellan su matrimonio con un beso se percata de...
