Capítulo 16

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Lali

Cuando entré a la casa después de despedir a Peter, mamá ya estaba en bata e iba saliendo de la cocina con una taza y me miró.

– Buenas noches ma – le dije haciéndome la boluda y dirigiéndome a la habitación

– Tss – tronó su boca para detenerme – ¿Vos no le vas a contar nada a mamá?

Sonreí inocente y nos fuimos a la sala.

– No hay mucho que contar

– Dale.. ¿desde cuándo retomaron esta... amistad?

– Hablamos hace unos días y solucionamos todos los malentendidos de los años pasados. Y nada... estamos teniendo buena relación, recuperando todo lo que perdimos

– ¿Incluyendo el cariño?

– Vos sabés que nunca le dejé de tener cariño, ma. – me lanzaba la mirada porque sabía a qué se refería – No lo sé... queremos darle tiempo al tiempo. Si se da, está buenísimo y si no, no perderemos el contacto, siempre fuimos buenos amigos

– Me alegra que se dieran otra oportunidad, o que le dieran otra oportunidad a ese amor que se tienen – me decía tomándome de la mano libre que tenía

– Gracias ma, no queremos aún decir nada porque no queremos quilombo pero cuando estemos listos y depende de cómo vayan las cosas, blanquearemos

– Tómense su tiempo, es lo que más tienen

Me sonrió y la abracé.

– Vamos a dormir que es tarde

Al día siguiente me fui muy temprano a ensayar porque se acercaban los shows en La Plata y Paraguay. Eran cuatro de la tarde y todos estábamos exhaustos, cuando acabó el ensayo y me fui directo a casa.
Recordé que Peter venía por mi a las seis porque me había dicho que tenía una sorpresa para mí, así que me bañe y mientras buscaba que ponerme, me di cuenta que me faltaban un par de cosas, supuse que las había dejado en casa de mamá.
Cuando Peter llegó por mí, me tocó el timbre y le abrí. Estaba muy lookeado, en exceso y no entendía nada porque yo estaba muy casual.

– Mi amor, que lindo que estás – le dije dándole un beso

– Hola, hola

– ¿Por qué no me decís que me ponga más linda? Seguro vamos a cenar y yo así vestida, mi amor. – le reprochaba – Dame unos minutos y me cambio

– No, no – me tomó de la mano para que no fuera – Estás perfecta mi amor, por ahora no necesitas cambiarte – me decía con su sonrisa hermoso

– ¿Seguro? De verdad que no me tardo

Para callarme, me jalo delicadamente del brazo y me chapó.

– Estás perfecta, ¿vamos? – me dijo teniéndome pegada a él y yo asentí

Cuando bajamos, su coche estaba estacionado enfrente del edificio, como buen caballero me abrió la puerta del copiloto y nos fuimos.

Al principio pensaba que me iba a llevar a algún lado a cenar o a una obra, algo muy casual pero cuando vi que nos dirigíamos a la carretera, ya estaba muy confundida.

– ¿A donde vamos?

– A un lugar muy especial – sonreía mientras manejaba.

– Dale, decime

– Paciencia, en unos minutos sabrás

Después de treinta minutos, miraba por la carretera aún sin saber a dónde íbamos y en eso vi la señal que decía "Cariló 35km", lo volteé a ver rápido y solté una sonrisa de oreja a oreja, él estaba haciendo lo mismo y con su mano líbrenme tomó la mano.

– No es joda, ¿ no?

– Sí, perdón... – en eso hizo una maniobra cómo si fuera a darse la vuelta para regresar y soltó una risa – Obvio no mi amor, quería pasar un tiempo con vos. Alejarnos de todo un rato, darte unas vacaciones antes de que te vayas de gira y relajarnos

Me lo dijo todo tierno y no pude resistirme a abalanzarme sobre él con cuidado para no chocar y le di besitos en la mejilla.

– Sos el mejor – me volví a sentar y me puse el cinturón.

Íbamos escuchando The Kooks y cantando. Era un viaje fugaz con él y en nuestro lugar, me sentía nerviosa porque hace bastante tiempo no iba a Cariló. Siempre evité ir cuando surgía algún viaje con mis amigos porque me recordaba a él.
Después de unas horas, llegamos a la casa de Peter, me abrió la puerta y me tomó de la mano para que pudiera salir del coche.

– Bienvenida a casa

– ¡Ay, espera! – dejé de caminar de golpe y se asustó

– ¿Qué pasa?

– No traje nada Peter, me hubieras dicho al menos que nos íbamos unos días y.. – me lanzó una mirada para tranquilizarme incluyendo su sonrisita compradora. Ahí supe que ya tenía todo resuelto... como siempre – Ya la tenés, ¿no?

– Maru me ayudó mientras estabas en ensayo, te preparó la maleta y me la dió para guardarla. – me mordía el labio de lo perfecto que era y por todo lo que había hecho – Está en el maletero del coche

– Ay, sos irreal. – me alcé de puntitas para poder besarlo y me colgué de su cuello

– Soy muy real. – me decía canchero con sus manos en mi cintura – Así que, señorita Esposito, le pido que se relaje porque serán unos días inolvidables para usted

Cuando entramos a su casa, estaba todo oscuro, me dejó en la puerta para que él encendiera la luz y no me tropezara. La casa era algo grande, ya que la familia de Peter eran muchos, la casa la usaba toda la familia incluyendo a sus abuelos. Siempre tuvo ese olor tan especial, un olor agradable, a naturaleza, fresco. Después de que Peter ordenó un poco, me tomó de la mano para llevarme a la terraza. El clima estaba en su punto, estaba bastante agradable afuera. Salimos y vi que había preparado una mesa con dos lugares, la mesa arreglada con velas y pétalos. El atardecer estaba comenzando y eso hacía que el ambiente se viera genial y muy romántico.

– Peter...

Fue lo único que pude decir, estaba impresionada y emocionada por todo lo que había hecho.

– Tu maleta la bajé ya. Ahora sí podés cambiarte si querés, aunque así estas perfecta

– Iré a cambiarme porque quiero estar a tu altura. Digo de lo lindo que estás, no de tamaño.. – reímos y me tomó de la cara delicadamente y me besó

– Dale, no tardes

Me dirigí a la habitación de Peter y Bauti, ahí puse mi maleta sobre la cama y vi que estaba toda esa ropa que me faltaba, ahora entendía porque mi armario estaba incompleto.

Empecé a sacar lo que Maru me había metido y me había puesto varias cosas muy lindas. En eso vi un vestido negro bastante escotado y venía una nota pegada.
"Luce el vestido como lo sabes hacer, disfrutá. Maru"

Me reí y lo saqué , era bastante lindo. Ordené un poco mis cosas en el baño y la ropa que sacaba la colgaba para que no se arrugara. Conforme fui sacando la ropa, noté que hasta abajo de la maleta estaba mi ropa interior y vi un atuendo bastante zarpado, era lindo pero muy atrevido y sólo pude pensar "que hija de puta". En eso tocaron la puerta.

– ¿Cómo vas, La? – era la voz de Peter

– Ya casi estoy, dame cuatro minutos – grité

Me fui al baño para ponerme un poco de maquillaje, mis labios rojos y un poco de sombra y rímel. Cuando bajé, Peter había puesto música muy bajito y estaba sirviendo los platos. Cuando volteó me regaló una de esas sonrisas que ponían la piel chinita y me miraba con sus ojitos verdes brillando.

No Es ImposibleDonde viven las historias. Descúbrelo ahora