8) Roman Soothie

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Emireth había decidido ir a la consulta que le había pedido– obligado–su mejor amigo. Se sentía nerviosa mientras manejaba. Quería parar con todo lo que sentía. Ya había conseguido un trabajo como pediatra y a veces sentía demasiado estrés, aunque se controlaba.

Su hija al fin se había ido a vivir con ella definitivamente. Ella no había vuelto a ver al padre de su hija ni al primo de éste.

Bajo de su Crysler, y se dirigió hacía el consultorio del Dr. Soothie.

Emireth vestía un simple vestido asimétrico plateado. Su cabello se confundía un poco con su vestido.

Al escuchar que ya podía pasar, se dispuso a entrar. El consultorio era algo pequeño. Tenía un escritorio de madera y una silla tras él. El escritorio estaba ordenado perfectamente. Había también un diván negro. Las paredes tenían diversos cuadros, algunos eran abstractos.

— Pensé que no vendría, señorita Jenkins —dice una voz profunda entrando al consultorio.

Emireth lo observó con una pregunta en su semblante.

— Demos esto por comenzado —dice Emireth al romper la conexión con el Dr. Soothie.

Roman sigue cada movimiento de Emireth, que ya estaba recostada en el diván y su vestido plateado que la hacía verse más hermosa estaba dejando al descubierto su muslo, que observó por unos segundos, antes de concentrarse en los verdes ojos de su paciente.

— ¿Cómo te llamas? —pregunta Roman sentándose en la silla que se encontraba al lado del diván.

— Emireth Jenkins —contesta.

— ¿Qué edad tienes?

— 19.

— ¿Cual es realmente tu problema?

— Mi vida. Es como si me faltara algo vital.

La imagen de una chica llena de sangre pasa por su mente fugazmente.

— ¿Qué es aquello que te hace sentir mal y por qué?

— Creo que lo que me hace sentir mal es mis pensamientos que son fríos y calculados —cierra los ojos y añade: —, porque esos pensamientos me hacen ser invulnerable y ser capaz de dañar.

— ¿Y tú familia? ¿Cómo te llevas con tus padres? ¿Tus hermanos? —pregunta Roman escribiendo en su libreta.

— Soy huérfana, solo tengo un hermano mayor que no lo he visto hace mucho tiempo.

— ¿Y tu pareja?

— No tengo.

— ¿Y El padre de tu hija?

— No es nada mío, además, está viviendo en casa de sus padres.

— ¿Nunca tuviste problemas en el colegio?

— Además de tener pequeños conflictos con mis compañeros, no.

— ¿Nunca te has arrepentido de algo?

— Sí —soltó inconscientemente Emireth viendo el blanco techo. Dos recuerdos golpearon con fuerza en su cabeza —. El daño que les hice a mi padre y a mi hija —susurra levemente triste, aunque desaparece unos segundos después, sonriendo sin emoción alguna.

— ¿Daño? ¿Qué quieres decir? —preguntó Roman anotando algo en su libreta.

— Es… solo… no quiero… hablar… de eso… es un poco perturbador —tartamudea Emireth nerviosa.

— Bien, Emireth —añade Roman viéndola tan vulnerable —. ¿Qué significa tu hija para ti?

— Todo.

— ¿Tu madre te dio ese amor que le estás brindando a tu hija? —aquello le pilló desprevenida.

— No. Ella me daño por dentro y por fuera. Dejemos de hablar sobre ella —le cortó.

— ¿Has tenido pesadillas muy recurrentes?

— No.

— ¿A qué edad tuviste a tu hija?

— A los 13 años —contestó —. Si, muy joven. Lo he sabido siempre, aunque no me arrepiento —agrega.

Emireth se fijó en el Dr. Soothie mientras éste escribía en su libreta. Su cuerpo era atractivo, alto, delgado pero musculoso, como un atleta aunque no exagerado. Sus abdominales eran irresistibles, su piel blanca era impenetrable y sus labios eran rojos, tenía un toque tan especial en su alocado cabello castaño liso.

Emireth aceptó a regañadientes que el Dr. Soothie era muy guapo y se veía más irresistible sin darse cuenta.

Apartó su mirada al darse cuenta lo que había estado pensando. Se tocó la frente para verificar si tenía fiebre o algo extraño, pero se encontraba de lo más normal.

— Debes venir a la próxima consulta, por ahora debo darte un consejo —Emireth asintió frenéticamente —. Has cualquier ejercicio que te haga dejar el estrés. Socializa un poco más y ya —le aconsejó Roman.

— Gracias por todo, Dr. Soothie —Emireth se levanta.

— Solo di mi nombre.

— Gracias, Roman —agradeció de nuevo Emireth al haberse repetido varias veces en su mente lo que acababa de decir.

— Es todo un placer, Emireth. Nos vemos. —se despide sentándose detrás de su escritorio.

— Nos vemos. —dice Emireth yéndose.

"Es demasiado extraño que pase cosas terroríficas a tu alrededor y tu sigas como si nada. Algo ocultas, Emireth. Yo daré con eso" —pensó Roman recordando cada uno de sus gestos, que eran algo desconcertantes.

°°°

Emireth llegó justo a la casa al ver entrar a su hija a ésta.

Al entrar, la consiguió en la mesa, haciendo su tarea. Un recuerdo pasa por su mente y hace que se estremezca.

Después de ayudarla con su trabajo, la llevó al parque de diversiones. Había sacado un 18 en su trabajo, que había hecho con ella.

"Su lindas expresiones me dejaron cautivada. ¿Cómo es posible eso?" —se preguntó mentalmente mientras su hija corría de dos en dos por los escalones, sacándole una sonrisa deslumbrante.

Después de llevarla al parque y divertirse con ella. Llegaron a casa cansadas y hambrientas. Las dos habían tenido su día libre en paz.

Killing You In My MindHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora