13) Libertad

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"Todo se estaba destruyendo a su alrededor, sus habilidades no dejaban de salir de ella descontroladamente. No podía moverse, solo observaba como habían demasiadas muertes. Quería gritar, hacer algo, pero nada funcionaba. Ella parecía una estatua.

Un poder magnifico le rodeo y no dejo de aumentar su habilidad. Tenía tantas imágenes golpeando su cabeza, que no podía soportarlo. En la primera fue como todo el mundo se destruía y la segunda, que se mataban unos a otros.

— Has iniciado la destrucción de tu mundo, ¿cómo te sientes? —la imagen de Jorens había aparecido frente a ella.

— ¡Cállate! —le exigió cerrando los ojos.

— Sabes que digo la verdad, Ángel de la Muerte”.

Emireth se levanta sobresaltada. Su cuerpo temblaba de miedo y sudor corría por su rostro. Miró alrededor y se acordó que estaba todavía encerrada en las cuatro paredes de una celda.

La pesadilla se le había repetido ya por enésima vez. Se sentía agotada de levantarse así.

Se acomodó en la cama de cemento donde estaba sentada y cerró los ojos. Una imagen de su hija apareció en su mente y sonrió tristemente al recordarla.

Faltaba una semana para cumplir los tres meses allí, ya Emireth estaba perdiendo la esperanzas de salir muy pronto. Le había pedido expresamente a su hermano, que no trajera a su hija al lugar donde se encontraba. No quería que su hija la viera allí.

Se intentó levantar, pero un mareo se le vino de pronto, dejándola ver algo borrosa. Se sostuvo de la pared y empezó a respirar lentamente. Eso le pasaba porque no comía casi nada. Su hermano a veces la obligaba a comer, pero ella no tenía ganas ni apetito para alimentarse.

Estaba agradecida con Roman, que la venia a visitar dos veces a la semana y duraba toda la hora de visitas haciéndola reír. Aunque todavía estaba intentando saber que sentía por él. Le gustaba que la hiciera sentir bien, pero no quería saber nada hombres. Kiefer le contaba que Roman llevaba a Dayane de paseo para que se distrajera, también le había comentado que Dayane había bajado el promedio de sus notas. Eso hizo que Emireth se sintiera más culpable.

El comisario Gabe, la apoyaba y también estaba ayudando a Kiefer para conseguir su libertad. Emireth sabía que debía asesinar a la persona que había llamado y había dado esa información que era casi verdad, aunque nunca lo confesaría.

Todavía no comprendía sus sueños, cada vez aparecía Jorens al final, y la llamaba Ángel de la Muerte. Debía investigar su origen, saber en realidad quien era, y también que era su hija. Se sentía frustrada por no saber que le pasaba ni a ella ni a su hija.

Algo la hizo despertar de sus pensamientos, levantó la vista y sonrió al ver a Roman en la puerta con un policía.

— Vengo a buscarte —Emireth frunce el ceño.

— ¿De qué hablas?

— Estas en libertad, Emireth —le informa Roman con una sonrisa.

Emireth se levanta de la cama de cemento con dificultad, corre hacia Roman y se lanza sobre él, abrazándolo. Roman le devuelve el gesto, sin pensarlo dos veces. Posó sus manos en la espalda baja de Emireth.

Emireth se sentía por primera vez feliz. Aunque no había imaginado que Roman fuera el que le diera esa noticia tan maravillosa. De pronto sus piernas empezaron a temblar y Roman la sostuvo entre sus brazos.

— Estas muy débil —Emireth se sonrojó levemente al ver como Roman la tomaba entre sus brazos y la llevaba fuera de esa celda que era tan sola y vacía, donde había estado más de tres meses.

Killing You In My MindHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora