-Capitulo Veintidós-
-Tenía que mantenerlo ocupado mientras volvías -dijo Louis, azorado-. Le conté la historia de la tienda de surf para que él se diera cuenta de que te necesitaba. Pero no está preparado. Te habrías dado cuenta, al final. Lo único que he hecho es ahorrarte tiempo.
-Muy bien. Me has ahorrado tiempo.
-Estaba preocupado por si ese tipo no te hacía caso.
-Es lo que ha hecho, muchas gracias -ella dejó escapar un suspiro, abatida. Después musitó-: Sólo ha sido... mala suerte.
-Voy a ponerte un té frío -dijo él, y la acompañó a la cocina. Sacó una jarra de la nevera y le sirvió un vaso-. Es Gingko biloba. Pareces agotada.
-¿Agotada? -dijo ella, mientras tomaba el vaso con la mano temblorosa-. Estoy hecha trizas.
-Vamos, no es el fin del mundo.
-Para mí sí -dijo ella. ¿Tenía los ojos brillantes de las lágrimas?
-Habrá otros muchos clientes.
-Ojalá. Tengo ahorros para dos meses más, y después, tendré que conseguir trabajo en otro sitio, de camarera. O algo así.
-Has hecho millones de llamadas. Verás cómo surgirá alguna oportunidad.
-Hasta el momento, nada. Muchos «quizá» y «tomaremos nota de sus servicios», pero ningún cliente. Bob Small era el único.
-Bueno, demonios, yo te conseguiré un cliente -Brice siempre estaba fanfarroneando sobre expandir el negocio. Lo convencería para que la contratara. Tenía que hacer algo. _____ estaba tan triste y desanimada... Toda su energía había desaparecido.
-Muy bien. ¿Qué? ¿Uno de tus amigos sufistas?
-Pues sí, exactamente.
Pareció que ella estaba reprimiendo una contestación. Se mordió el labio, como siempre, y dijo:
-No te preocupes. Me las arreglaré. Perder a Bob Small ha sido un golpe, eso es todo. Mañana he quedado con un amigo de la facultad para ir a una reunión y meterme en una red de contactos.
Entonces, ella se calmó un poco, y él se sintió aliviado. Se prometió que le conseguiría un cliente fuera como fuera, al mismo Brice, aunque era muy tacaño.
Louis entró en Water Gear y aspiró el olor a humedad, a plástico, a goma. Se sintió como en casa de nuevo, pero aquel día no tenía tiempo para inspeccionar las nuevas tablas ni los trajes. Tenía una misión.
-¿Qué te pasa? -le preguntó Brice, cuando vio la expresión de su cara-. ¿Alguna de tus amiguitas se ha quedado embarazada?
-Por Dios, no -dijo él-. Tengo que hablar contigo.
-Sabes que no le presto dinero a los amigos.
-Tú no le prestas dinero a nadie -aquel tipo era un tacaño. Le había costado años que Brice le pagara lo justo por las clases y las excursiones en barco que hacía. Por no mencionar que a veces se retrasaba en los pagos-. Querías expandir el negocio, ¿no?
-¿Expandirlo? Ya tengo las manos llenas con una sola tienda.
-Pero tú mismo has dicho siempre la gran idea que sería. Podrías llevar tus tablas a San Diego, o a México, ¿no recuerdas? Eso es lo que nos dijiste la otra noche.
-¿Antes o después de la tercera jarra de cerveza?
-Vamos. In vino ventas.
-¿Y ahora me sales con el latín? Siempre tengo problemas cuando empiezas a demostrar que tienes educación universitaria.
-Lo cierto es que conozco a la persona con la que necesitas hablar. Mi casera.
-¿La morena con el nombre remilgado?
-Sí, _______. Es consultora, y muy buena. Acaba de empezar su propia empresa, y su fuerte es planificar estrategias.
-Espera. Tengo que sentarme -dijo Brice, se agarró a la caja registradora, como si estuviera mareado-. No me lo creo. Louis Tomlinson, loco por una mujer.
Para su disgusto, Louis se sintió molesto con el comentario.
-Vamos, Brice. No es eso. Es que ha perdido un cliente por mi culpa, y quiero compensarla.
-Me da la impresión de que me he topado con un asunto interesante.
-Vamos, Brice. Puedes fanfarronear de lo de la expansión durante años y no hacerlo nunca. Ella te ayudará a planearlo todo tal y como tú quieres, irá directa al grano.
-Mira, a mí me gusta ayudarte siempre, amigo. Si quieres sacar el barco para impresionarla, bien. O comprar equipo a precio de coste, perfecto. Pero, en este tema, estamos hablando de mi vida. Tengo cincuenta años, y no voy a poner en juego mi negocio sólo porque tú te hayas encaprichado de una chavala.
-No es eso -repitió Louis-. Mira, contrátala, y si te parece que no merece la pena... Yo le pagaré -aquello sí que había sido una demostración de fe por su parte, una que no estaba seguro de sí debería haber hecho. No, con el viaje de Penny en juego. Pero tenía que hacer algo para acabar con la desesperación de _____.
Pero Brice todavía parecía desconfiado. Tendría que decirle algo más verosímil.
-Está bien. Aquí va el trato. Quiere echarme de su casa, y si le consigo un cliente, puedo quedarme.
-Lo sabía -dijo Brice, con una risa de satisfacción-. Gusano. Nunca cambiarás.
Sintió una punzada de disgusto. ¿Por qué no podía estar haciendo algo sólo por ser amable? ¿Es que Brice no lo conocía mejor? Habían pasado muchos tiempos juntos buceando, navegando, tomando cervezas. Algunas veces, sacaba a relucir al amor de su vida, con el que había roto cuando tenía la edad de
Louis, pero sólo cuando estaba un poco borracho.
Por supuesto, nunca hablaban de nada demasiado profundo, pero de todas formas, Brice debería saber que él era una persona decente.
