sentimientos mutuos

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- Capitulo 38

[Maratón 2/2]

Las ballenas infundían respeto. Se sumergían y salían a la superficie para respirar con gracia majestuosa, como si se estuvieran dejando ver para ellos. ____ vio a una cría nadando al lado de su madre.

-¡Mira! -exclamó para avisar a Louis .

Él miró y sonrió.

-Estupendo -dijo.

-¿Estupendo? Es maravilloso, asombroso - dijo ella, y Louis se dio cuenta de lo que veía en los ojos de _____, abiertos como platos. Ella estaba interesada en todo, una vez que se conseguía su atención. Se moría de ganas de enseñarle a hacer surf.

Se estaba relajando día a día. Estaba seguro de que dejaría de fastidiarlo en poco tiempo e intentar obligarlo a hacer cosas como aquel estúpido negocio que ella tenía en mente. Y por otra parte, tenía que admitir que un poco de organización le había venido bien. Ya no pasaba horas enteras buscando las llaves, ni perdía clases, como antes. Y tener los platos limpios y los utensilios en lugares predecibles hacía que cocinar fuera mucho más divertido.

Cuando ella ponía su mano en la suya, él sentía el poder de su energía. Nunca la dejaría. Nunca.

¿Qué estaba diciendo? Algo más acerca de la expresión del ballenato... El observó sus ojos brillantes y su boca llena de risa y notó el deseo otra vez, recorriéndole el cuerpo.

-Son muy inteligentes, ¿lo sabías? -le dijo ____, y entonces se quedó callada. Había estado parloteando sin parar, describiendo lo que los dos estaban viendo-. Lo siento, he hablado demasiado.

-Me gusta que te entusiasmes... en todos los sentidos -dijo él, y la besó, lenta y suavemente-. Sabes a sal. Si esos tipos no estuvieran aquí, te desnudaría y lamería toda la sal de tu cuerpo.

Ella se estremeció al imaginarlo. No podía esperar a llegar a casa y quitarse la ropa y...

¡Un momento! Louis tenía una cita en la tienda de submarinismo a las cuatro en punto.

-¿Qué hora es? -le tomó la muñeca a Louis y miró la hora-. Son las dos. No vamos a llegar a la tienda a las cuatro.

-Otro día -dijo él, y se encogió de hombros.

-Ya había quedado. Tenemos que llamar. Dave, ¿nos puedes prestar el móvil?

-No tiene batería -respondió Dave-. ¿Hay algún problema?

-No -respondió Louis.

-Sí -lo contradijo ____.

-Relájate. Lo llamaremos cuando lleguemos al puerto.

-¿No podemos usar la radio? -le preguntó ____ a Dave.

-Olvídalo -dijo Louis-. Eso es sólo para emergencias. Relájate -repitió, frunciendo el ceño.

-No puedo relajarme. Tenemos una cita.

-Concertaremos otra. ¿Habrías cambiado ver al ballenato por una cita de negocios?

-Podríamos haber hecho las dos cosas.

Él hizo un ruido de impaciencia, se encogió de hombros y miró al mar. ¿Por qué tenía que boicotear todas las cosas que no le apetecía hacer? Era una actitud infantil. Era muy bueno disfrutar de la vida, pero también era necesario ser responsable.

En cuanto llegaron al puerto, ____ saltó del barco y fue hacia una cabina. Eran las cuatro y media. El dueño de la tienda, que había cancelado un partido de golf por la reunión con Justin, estaba molesto, pero fue amable.

-Por favor, déjeme que le ponga con Louis, para que puedan concertar otra cita.

Pero, para su irritación,Louis tomó el número de teléfono del hombre y le dijo que lo llamaría más tarde. Después, colgó.

-¿Qué quieres decir con lo de que lo llamarás más tarde? Ve allí mañana mismo, por Dios.

-Si esto tiene que funcionar, funcionará.

-Pero... -ella lo miró a la cara. Tenía una expresión de «no traspases los límites, que ella había visto cuando miraba a Heather, unas semanas atrás-. Ni siquiera querías quedar con el tipo, ¿verdad?

-Te dije que lo haría -respondió él.

-Pero no quieres.

-Me gusta mi vida tal y como es, ____

. -Entonces, ¿por qué has dicho que irías a la cita? No. No me respondas a eso.

Él le había dicho que haría cualquier cosa por poseerla, y ella había creído que era una broma.

-Mira, ____ -dijo él.

-Olvídalo. Tengo que escuchar si hay algún mensaje -ella se volvió hacia el teléfono para esconder su disgusto.

-¿No puedes esperar a que lleguemos a casa?

-No -respondió ella, cortante-. Ya he esperado demasiado -había tenido suficiente. No quería permitirle a Louis que continuara obligándola a actuar en contra de sus instintos. Había cuatro mensajes. Empezó a latirle el corazón muy fuerte cuando oyó la voz de Myron Becker.

-Eh, ____, tengo un par de preguntas acerca de tu informe de marketing. Parece que faltan un par de páginas. Estaré en este número durante una hora más. Llámame.

Él había llamado a las ocho de la mañana. Oh, Dios mío. El siguiente mensaje era de las nueve y media.

-Todavía estoy esperando las dos páginas que faltan, y me gustaría consultarte un par de dudas sobre las prioridades a corto plazo. Estamos pensando en un cambio y no sabemos cómo podría resultar. Llámame antes del mediodía a mi móvil -y le dejaba su número.

____ empezó a sentirse enferma de los nervios. El tercer mensaje, a las doce y media, estaba teñido de irritación, y terminaba diciéndole que se marchaba a Nueva York a las cinco y media, y que esperaba tener noticias suyas antes de esa hora.

La última llamada era desde el aeropuerto.

-Esto es inaceptable. Mis directores no estaban contentos con la idea de contratar a un consultor, para empezar. Te pagaré por el proyecto preliminar, pero no creo que esto vaya a funcionar.

____ colgó el auricular sin borrar los mensajes.

-¿Qué pasa? -le preguntó Louis.

-Becker ha estado intentando localizarme todo el día. Faltaban dos páginas del informe, y tenía algunas preguntas. Yo no estaba allí. Ahora ya no quiere trabajar conmigo.

-Vamos. ¿Te ha despedido por un retraso de unas cuantas horas?

-Le dije que estaría disponible. Completamente. Le aseguré que estaría completamente disponible, y desaparecí. Y aunque hubiera conseguido hablar antes con él, habría necesitado mi ordenador para contestarle las preguntas. Lo he estropeado todo.

Se sentía mareada y furiosa, con Louis y consigo misma, por haberle dejado que la convenciera.

-No debería haber ido. Lo sabía. Ha sido una irresponsabilidad.

-Vamos. Tienes derecho a divertirte un poco.

-Un poco, sí, pero no veinticuatro horas al día, siete días a la semana, como tú. ¿Cómo puedo haber sido tan estúpida?

-¿Por qué quieres trabajar para un tipo que te despide por un malentendido?

-Por miles de razones. Porque es un hombre importante. Porque yo contaba con su sueldo. Porque necesito sus referencias. Esto es una relación de negocios nueva, y todos los detalles son muy importantes. Él no estaba seguro de mí, yo estaba a prueba.

-Pues llámalo. Dile que ha sido por culpa mía. 0 déjame que se lo diga yo.

-Ya has hecho suficiente -le cortó ella-. Yo lo manejaré. Ha sido un error mío. Lo llamaré a Nueva York y le dejaré un mensaje para cuando llegue

a stranger at homeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora