- Capitulo 27-
[ Maratón 3/3 ]
-Esperaba que dijeras eso -y sus labios se unieron. El la abrazó, y el beso fue perfecto, cálido, fuerte, más profundo que el primero.
Ella sabía que era una mala idea, pero quería disfrutar de aquel beso, el broche final de aquel día maravilloso. Un beso para celebrar la alegría de conseguir un cliente, de bucear, y la gloria de aquel hombre increíble que la estaba abrazando mientras las olas los mecían románticamente en la orilla. Podía disfrutar de aquel momento, ¿no?
Entonces, la madre de todas las olas les cayó encima, revolviéndolo todo, haciendo que le entrara arena en los ojos y agua en la nariz. Ella rodó hacia la orilla para escapar del agua y la arena le raspó la piel quemada como una lija.
____ tosió y se atragantó, y luchó por ponerse de pie. El dolor había terminado con aquel momento de ensueño, afortunadamente, porque ella podría haber dejado que los condujera a un final peligroso.
-Eso no ha estado bien -dijo ella, tosiendo y sintiendo que le ardía el interior de la nariz.
-Sólo ha sido una ola -dijo él, alcanzándola.
-No me refería a la ola -replicó ella-. No podemos hacerlo.
-Claro que podemos. Yo no puedo dejar de desearte. Por las noches tengo que controlarme mucho para no arrancar esa estúpida cortina y estar contigo. Dime que tú no sientes lo mismo.
Aquellas palabras hicieron que el corazón le saltara en el pecho a ______, pero el picor de la nariz la mantuvo cabal.
-Sí lo siento, pero...
-Entonces, ¿por qué quieres resistirte?
-Porque soy diferente a ti. Yo no me meto en la cama con alguien tan fácilmente -había tenido la tentación de dejarse llevar por un hombre que, seguramente, tendría aquellos momentos inolvidables con docenas de mujeres. Ella no quería ser una más.
Se puso de pie rápidamente.
-Tengo que irme. Lo siento.
Tomó la lámina de los peces y, un poco más allá, su bolsa. Al ver que Louis no la seguía, se sintió aliviada y desilusionada al mismo tiempo.
En casa se dio una ducha rápida para quitarse la arena y la sal y se llevó el bote de crema aftersun a su habitación. Se dio la crema con cuidado y después se acostó desnuda, no quiso pensar por qué. Le dolía todo el cuerpo por Louis, y aquello era mucho peor que el dolor de la piel quemada.
Oyó que él entraba en la casa, y dio un respingo de impaciencia. No sabía si él arrancaría de verdad la cortina e iría con ella. No. Ella le había dicho que no quería que lo hiciera. Y la única protección que ella tenía contra Louis era que los dos tenían sentido común y capacidad de control. Sin embargo, a la mañana siguiente le diría que arreglara la pared.
Louis se quedó en el salón e intentó relajarse. Casi podía oír los latidos del corazón de ____ en la pequeña casa, sentir su respiración. Aquella ola no había conseguido apagar el fuego que había entre los dos.
Y era algo más que deseo, pensó Louis. Besarla le había hecho sentirse feliz... y perdido. ¿Y qué si estaba enamorado de ella? La idea lo había dejado asombrado, pero cuando ____ se había marchado de la playa, él se había dado cuenta de que ella tenía razón. Era tan diferente a él, tan seria sobre todas las cosas. Se preguntó si llevaría puesto aquel discreto camisón rosa. Sexy, de una forma virginal...
«Déjalo», se dijo. Estaba enamorado, pero no le duraría mucho. Y con una mujer como ____, el amor era demasiado arriesgado. No podría soportar causarle dolor. Sabía cómo superarlo. Se había pasado toda la juventud haciéndolo, gracias al Almirante. Cada vez que Louis rogaba que se quedaran en un lugar para terminar con sus amigos el curso escolar, su padre respondía: «Déjalo, marinero. Haz el petate, hijo, nos vamos».
Como adulto, valoraba la capacidad de viajar ligero, así que era muy beneficioso que ____ fuera tan sensata. Sin embargo, continuaría ayudándola, la llevaría a bucear de nuevo, y quizá la enseñara a navegar, y le presentaría todos los contactos posibles y susceptibles de convertirse en sus clientes.
Del resto, se mantendría apartado. Se obligó a concentrarse en el correo que estaba encima de la mesa. Un par de facturas que podría pagar más adelante, algo de publicidad y una invitación para una fiesta en el puerto. Hmm...
Se le hizo un nudo en la garganta al sentirlo entrar a la habitaciob. Se sintió dividida en dos: una parte de ella pensaba «gracias, Dios mío», y la otra «no, Dios mío, no»».
-Tengo una idea -dijo él, suavemente.
«Yo también».
-Un ejecutivo que conozco va a dar un cóctel en su yate -continuó Louis.
¿Qué? ¿Ella había creído que él había ido para hacerle el amor y él le estaba hablando de una fiesta? ____ sacudió la cabeza, y distinguió una tarjeta blanca en la mano de Louis.
-Es una buena oportunidad para que conozcas gente y consigas buenos contactos -le explicó él-. Habrá muchos empresarios ricos que tienen los barcos en el puerto. ¿Quieres venir conmigo? Es el domingo por la tarde.
Ella tuvo que carraspear antes de hablar.
-Claro. Será estupendo. Gracias por pensar en mí.
-Yo siempre pienso en ti -dijo él suavemente.
-Oh. Yo, también. En ti, quiero decir.
-¿Crees que debería mudarme, tal y como están las cosas?
-No -respondió ella rápidamente, aunque sabía que había respondido aquello por todas las razones equivocadas-. Nos las arreglaremos. Somos adultos.
-Si estás segura...
-Sí, estoy segura -mintió _____.
-Muy bien, entonces. Descansa -le dijo él. Y después de un instante continuó, en el tono más serio que ella le había oído-: Tienes razón en cuanto a nosotros. Sería demasiado complicado.
_____ todavía tenía la vista fija en la cortina cuando se abrió y apareció Louis. La había seguido
Ella sólo pudo asentir. Después se quedó inmóvil, para no hacer ninguna estupidez, como ir a la cama de Louis. Oyó cómo él empezaba a dar golpes al otro lado de la casa. Estaba trabajando de nuevo. Tuvo la tentación de unirse a él, ya que de todas formas no iba a dormir demasiado.
