sol playa y arena

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>>>>> Capitulo 11:

Ah, y le regalaría rosas. El romanticismo era un ingrediente muy importante del amor, aunque no el primero. Una no se podía dejar hechizar por alguien que no cumplía otros requisitos más elementales.

Y tendría sentido del humor, añadió en aquel momento. ¿Cómo era posible que hubiera olvidado aquello? Desde luego, Louis era lo contrario a su sueño en casi todo, incluso en el color rubio del pelo. Pero tenía sentido del humor. El sentido del humor sí era importante.

Los ruidos cesaron y Louis empezó a silbar, perfectamente afinado. Esperaba que su marido también tuviera buena voz, aunque eso sería la guinda del pastel. Lo principal era que fueran compatibles, que buscaran lo mismo en el futuro, que disfrutaran con las mismas cosas y tuvieran los mismos planes.

-Vamos, amigo -dijo Louis suavemente. Después oyó que la puerta se abría y se cerraba. Louis se marchaba al partido de voleibol, con Lucky y con Heather. Se sintió extrañamente sola. Verdaderamente, Louis Tomlinson llenaba un espacio.

Por otra parte, si él no estaba en casa, se sentiría más cómoda con su camisón. Se lavó los dientes, se puso la crema hidratante y se cepilló el pelo, y después volvió a la cama rápidamente, con la esperanza de quedarse profundamente dormida y perderse cualquier actividad que pudiera producirse tras el partido de voleibol al otro lado de la tela que servía de cortina.

Más tarde, _______ se despertó de repente, y se sentó en la cama de un respingo. Miró el despertador: sólo era medianoche, lo cual significaba que había dormido tres horas. Por supuesto, eran las ocho de la mañana en Londres, lo cual explicaba, probablemente, porqué se había despertado. Decidió que se haría un té. Aquel era uno de los recuerdos que se había llevado con ella de vuelta a casa: algunas latas de un té estupendo, que tenía apiladas en la cocina.

Salió de puntillas al pasillo, intentando evitar que el suelo crujiera mucho. La puerta de la habitación de Louis estaba cerrada, pero ella contuvo la respiración. Por experiencia, sabía que había que ser cortés con una persona dormida.

Unos minutos después, mientras aspiraba el delicioso aroma que desprendía la infusión en el caso de agua, pensó en lo mucho que echaba de menos Londres. Ni siquiera el tiempo lluvioso le había quitado un ápice de atractivo a aquella ciudad. Pero todo se había desvanecido, igual que se disolvía un Alka-Seltzer en un vaso de agua. Un día volvería a aquella ciudad, cuando el negocio estuviera en marcha, quizá con su marido, antes de tener al primero de sus dos hijos...

Se sirvió una taza y la sostuvo entre las palmas de las manos. Después se acercó a la ventana y vio la luna llena sobre el mar. Por primera vez, se dio cuenta de lo maravilloso que era aquello. Cualquiera podría quedarse mirando el océano durante horas. El sonido de las olas era relajante,. Casi hipnótico. De repente, captó un movimiento en el agua. ¿Un pez enorme? No. Era una persona. Estaba nadando a la luz de la luna, dando brazadas largas y fuertes. Era un hombre, a juzgar por la longitud del tronco desnudo. Después de un rato, se dio la vuelta y empezó a nadar de espaldas, mirando al cielo. El agua debía de estar muy fría, pensó ______. Y nadar en la oscuridad le daba miedo. Por otra parte, había gente que pagaba grandes cantidades de dinero por tener una casa en la playa, para poder hacer cosas como nadar por la noche.

Ella no. No lo entendía.

Bajo la luz de la luna, el nadador parecía misterioso, efímero, como una criatura mítica del mar, un dios, o un fantasma. Extraño.

De repente, su vista se detuvo en una mancha de moho que había en el marco de la ventana, y siguiendo hacia arriba, vio una humedad en el techo. Habría que arreglar también aquello. Respiró hondo y tomó otro trago de té, Relájate pensó. En aquel momento, incapaz de conciliar el sueño, envidiaba la capacidad de Louis de tomarse la vida con tranquilidad.

Ya que estaba despierta, empezaría a escribir una lista de las cosas que tenía que hacer. Fue de puntillas hasta su habitación, timó un cuaderno de su bolso y volvió a la cocina. Se sentó a la mesa y empezó. Lo primero, sacar las cosas del guardamuebles. En aquello dependía de Louis y de la furgoneta de su amigo. Intentaría meterle prisa para hacerlo lo más pronto posible. Aunque era difícil ponerse muy exigente cuando alguien te estaba haciendo un favor.

Lo siguiente sería comprar material de oficina y encargar unas tarjetas nuevas. Poca cantidad, para mantener bajos los costes. ¿Contratar una segunda línea de teléfono para el negocio? No, todavía no. Demasiado caro. Empezar a llamar a los contactos de la lista de Alison. Aquello lo haría en cuanto llevara a casa los muebles.

De repente, sintió que la ansiedad le atenazaba el pecho. «Hay que mirar hacia delante», se dijo. Tenía ahorros suficientes para dos meses, y si no conseguía clientes rápidamente, se pondría a trabajar por cuenta ajena un tiempo. Aunque, ¿cómo iba a conseguir clientes si empezaba a trabajar para otro y sólo estaba disponible por las tardes? Los consultores a media jornada no inspiraban mucha confianza...

Se le hizo un nudo en el estómago. Parecía que aquella lista no era de gran ayuda para relajarse, así que volvió la página y empezó otra de asuntos personales. Tenía que domiciliar el pago del agua, gas, etc, en su cuenta, arreglar los papeles de propiedad de la casa, hacer un presupuesto de gastos y apresurar a Louis para que se mudara.

Pensar en Louis la puso aún más nerviosa. Cerró el cuaderno, se levantó de la mesa y fue hasta la ventana.

El nadador ya se había marchado. Probablemente, a dormir, como una persona normal. ______ también debería intentar irse a dormir. Aunque primero quitaría todas las cosas de pintar del salón, donde organizaría la oficina al día siguiente.

Cuando iba a salir de la cocina, oyó un ruido en la puerta y se volvió. Por la ventana vio que había un hombre en la galería. Se le subió el corazón a la garganta y se quedó petrificada de miedo.

La puerta se abrió... Ella intentó moverse, gritar, hacer algo. Entonces vio que era Louis calado, mojando el suelo, con una toalla alrededor del cuello. Él era el misterioso nadador nocturno.

-¡Me has dado un susto de muerte! -le dijo ella mientras se ponía la mano en el corazón para intentar aminorar el ritmo de los latidos.

-¿Qué haces levantada? -preguntó él, frotándose el pelo con la toalla. La luz de la luna se reflejaba en los planos de su cara y en sus músculos al moverse.

-Supongo que es por la diferencia horaria. ¿Eras tú el que estabas nadando en el mar?

-Sí. Me sobraba energía y hay una luna estupenda -se acercó a ella. A la suave luz, parecía que no era real, que acababa de salir de un sueño-. Es algo más que la diferencia horaria - dijo, observando su cara atentamente-. Estás haciendo eso con tu labio inferior.

-¿Qué?

-Mordiéndotelo. Como en la cena. ¿Qué te pasa?

-Nada. Tengo muchas cosas en la cabeza - ella no se había dado cuenta de que se estuviera mordiendo el labio. Para ser tan despreocupado, a Louis no se le escapaba una.

-Sé exactamente lo que necesitas. Ve a ponerte el traje de baño.

-¿El traje de baño?

-Sí, vamos a nadar un rato.

-Pero si acabas de nadar. Y está oscuro, hace frío y...

-Perfecto. Nadar por la noche es lo mejor del mundo. Es justo lo que necesitas para conciliar el sueño. Confía en mí

a stranger at homeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora