Anthony Allegry, teniente asignado a la quinta compañía de los Rangers de Texas, gozaba de ciertas ventajas en su trabajo como Ranger, ya que él había decidido permanecer más tiempo que otros; hacia su labor con eficacia, destacándose siempre al obtener buenos resultados en sus actividades; con unos meses más después de sus 40 años, alto, fornido, de finos y largos labios; bastante apuesto, ojos color gris y mirada profunda, bigote bien cuidado, cabello castaño cobrizo que daba la sensación de llamaradas en su cabeza; era muy bueno, tanto con revolver, como con wínchester, al igual que con cuchillo y destacaba en lucha; tanto él como su mejor amigo, habían entrado muy jóvenes a servir en los Rangers, con una pequeña diferencia por parte de Anthony.
Esa tarde, cuando el teniente Allegry, regresaba de un servicio en la frontera, cuando ya le faltaban un par de horas, encontró en el camino al sheriff del condado, que operaba desde Riverton, el pueblo al que pertenecía su rancho; aquel le comentó que perseguía a unos cuatreros, que se sabía, habían tomado la ruta de El Paso, pero a los que hacía rato les perdiera el rastro; una de las cosas que mejor hacían los Rangers era precisamente el rastreo; Anthony lo encontró al cabo de un rato y ayudó en la persecución hasta dar con los bandidos que se habían refugiado en una cueva en las montañas; después de capturarlos, los condujeron a Riverton; y ahí, si con la noche encima, el Ranger de Texas se dirigió a su rancho a reencontrarse con su amada esposa y sus pequeñas hijas; se sentía agotado, llevaba una nueva marca sobre su piel a causa de una bala que le había rosado el brazo derecho, pero solo era eso, una pequeña herida de guerra; mientras se acercaba, pensaba en su hogar, en sus pequeñas hijas a las que de cariño llamaba "mis potrancas"; también pensaba en su joven y bella esposa y en el trabajo que hacía para conducir el rancho en su ausencia, y en la educación de sus pequeñas hijas para lograr convertirlas en buenas mujeres de su casa, cariñosas, tiernas y muy femeninas; sonreía; "mi bella Amelia" se decía, se habían casado cuando ella tenía 18 años y él casi 31, ella, había resultado ser más de lo que él esperaba, más de lo que creía que merecía; además de ser alta, era poseedora de una figura bien proporcionada, con unos ojos de un bello azul que a él le encantaba comparar con las aguas del mar; su largo cabello muy oscuro, que le llegaba a la cintura; por si fuera poco, era una mujer segura de sí misma, para nada amiga de los reproches y las cantaletas, excelente cocinera, hábil en la administración del rancho, madre abnegada, amante complaciente; en fin, "perfecta" se repetía a sí mismo, no podía pedir más, hacia lo que le gustaba y amaba a su familia; había decidido pasar más tiempo con ellas y establecer en su rancho una pequeña base de paso para su compañía; claro, eso lo haría después de aceptar el ascenso a capitán que ya en varias ocasiones le habían ofrecido y que él había rechazado hasta ahora, pero todo iba a cambiar.
Se encontraba a unas cuantas yardas de la casa principal, sumido en sus cavilaciones; de repente, se percató de que todo parecía extrañamente silencioso y no habían lámparas encendidas, ni en los corredores, ni dentro de la casa; un extraño frio le recorrió la espalda; continuó su camino con paso alerta, cuando logró descubrir en la vereda, la presencia de un caballo ensillado, no pudo reconocer de quien era dada la oscuridad que lo envolvía todo, sin embargo decidió desmontar y ver de qué se trataba; llevó a su caballo por la brida y se acercó al otro animal, su sensación de que algo andaba mal aumentó de manera considerable al descubrir que se trataba del caballo de su capataz y amigo Samuel Prescott, "el viejo Sam" pensó, ¿Dónde estaría? ¿Y porque su caballo estaba ensillado y sin su jinete por ahí? Necesitaba respuestas, se suponía que Samuel estuviera en el pueblo con el resto de sus vaqueros, divirtiéndose. Llevando siempre su caballo y ahora también el de Prescott, siguió caminando con sigilo hacia la casa, dejó los animales atados a un tronco para después volver por ellos y se dirigió a la entrada, de repente, chocó con algo que estaba tirado en el suelo y calló de bruces sobre lo que parecía ser un cuerpo, palpó para descubrir que el muerto ya estaba frio, indicando varias horas de haber caído allí, encontró la herida en la frente y se mojó los dedos con algo pastoso, lo que al oler confirmó que era sangre, ahí fue cuando todo se le empezó a convertir en pesadilla; porque por algunas señas y lo poco que se podía entrever a corta distancia, descubrió que el cadáver pertenecía a su capataz; sin pensárselo más se levantó y a tropezones entró en la casa; allí todo era más oscuro, palpando logró dar con una lámpara, metió la mano en su bolsa y sacó un encendedor, lo accionó y lo acercó a la lámpara, tuvo que esperar unos segundos a que la luz inundará el lugar.
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PREPARADAS PARA MORIR
RomanceEN EL LEJANO OESTE AMERICANO, UNA BUENA FAMILIA ES MARCADA POR UN VIOLENTO SUCESO. (1875-1885) LUEGO DE SER TESTIGOS DE LA VEJACIÓN Y POSTERIOR ASESINATO DE SU JOVEN MADRE; LAS HERMANAS ALLEGRY SE VEN ALEJADAS POR SU PADRE DE SU CASA Y DE SU TIERRA...
