-¡Quince días! – Anthony le dio otro trago a la botella que tenía en su mano – quince días que te encontré tirada en este lugar; Amelia, mi querida Amelia, como quisiera haber estado aquí para ayudarte, para defenderte, si lo hubiera sabido... - dio otro largo trago a la botella
Llevaba varios días en un estado lamentable, donde poco se le veía en otras partes del rancho que no fuera el salón comedor; allí, botella en mano, transcurrían horas, y él no daba muestras de querer dar termino a ese círculo de dolor y de lamentos; las botellas eran reemplazadas, no bien las iba terminando.
Sabía que tenía que levantarse, ponerle fin a ese estado de auto conmiseración; si no lo hacía, corría el riesgo de hundirse sin remedio; se encontraba al borde de un precipicio y el solo empujaba hacia el vacío. Había tomado una difícil decisión con respecto a sus hijas, pero por más que sintiera que tenía que, aun no se atrevía a llevarla a cabo. Cavilaba entre su dolor y su deber.
Precisamente en el lugar mencionado, lo encontraron Mark y Blanco, que una vez frente a él se sacaron el sombrero y se le quedaron viendo durante varios segundos; aun en medio de la tormenta que lo envolvía, Anthony percibió la compasión que le provocaba a sus vaqueros.
-patrón, sería bueno que se levantara – sugirió Blanco – le aconsejaría que se diera un buen baño y se afei...
- ¡¿pero quién rayos te crees que eres?! – espetó el Ranger entre asombrado y airado – ¡largo de aquí! ¡Fuera! – se levantó y los echaba a empujones
- ¡patrón! – Se apresuró a decir Mark – solo queríamos decirle – estiró la mano y abrió la puerta – que su hermano y su cuñada ya están aquí – le señalaron la carreta que llegaba en ese momento al patio anterior
- pensamos que no querría que le vieran así – apoyó Blanco
- ¡oh, vaya! – Anthony se pasó la mano por el alborotado cabello y regresó rápidamente al interior de la casa – hubierais empezado por ahí; vamos, recibidlos vosotros, entre tanto que yo me lavo y me afeito.
Los vaqueros con una sonrisa en sus rostros se aproximaron a la carreta y ayudaron a sus ocupantes a apearse
-bienvenidos señor y señora Allegry; el patrón no tardará en reunirse con ustedes – informó el capataz
- pero pasen, pasen, están en su casa – pidió amablemente Blanco – acomódense ¿desean beber algo?
- un whisky para mí – dijo el hombre – y un refresco para mi esposa; ¿y donde están mis sobrinas?
- en un momento las verán, están por los lados de los establos; creo que el patrón quiere saludarlos primero – le respondió Mark
Alaana la esposa de Blanco, apareció por allí con las bebidas que les ofreció sin demora, volviendo luego a retirarse, los recién llegados se acomodaron en las sillas y después bebieron con lentitud de sus vasos; él, Arthur Allegry, de 49 años el hermano mayor del Ranger Anthony, y su esposa Josephine de 40; habían viajado hasta el rancho Las Potrancas, procedentes del suroeste de Arkansas; lucían cansados y sudorosos pero aun así se veían tranquilos y dispuestos para lo que se presentara: no tenían hijo alguno y ya llevaban más de 28 años de estar casados; debido a un accidente de caza, a los 22 años, Arthur había perdido la capacidad de engendrar; tan solo el gran amor que se tenían les había ayudado a soportar la tristeza y la soledad; hacían caridades ayudando a cuanto niño pudieran; hacían lo que fuera con tal de dar felicidad a los menos afortunados.
El viaje hasta allí, lo realizaron a petición del ahora viudo Anthony; les había mandado llamar con urgencia contándoles parte de lo acontecido y sugiriendo que iba a necesitar de su ayuda particularmente con sus hijas; por esta razón, no dudaron en viajar
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PREPARADAS PARA MORIR
RomanceEN EL LEJANO OESTE AMERICANO, UNA BUENA FAMILIA ES MARCADA POR UN VIOLENTO SUCESO. (1875-1885) LUEGO DE SER TESTIGOS DE LA VEJACIÓN Y POSTERIOR ASESINATO DE SU JOVEN MADRE; LAS HERMANAS ALLEGRY SE VEN ALEJADAS POR SU PADRE DE SU CASA Y DE SU TIERRA...
