CAPITULO 37

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Ya iba a ser un mes desde el día de la boda, estaban todos compartiendo en una de las mesas del patio anterior de la casa; el cielo era un espléndido manto de estrellas con una reluciente y blanquecina luna dominándolo.

-muchachos, os tengo excelentes noticias – les dijo el capitán Morris, sostenía la mano de su esposa entrelazada a la suya; con ellos, las otras tres parejas que no dejaban de prodigarse mimos – los altos mandos dieron su consentimiento para que aquí funcione una academia donde los Rangers puedan mejorar sus habilidades; nosotros estaremos a cargo de su enseñanza y yo la dirigiré

- tienes razón capitán, es una buena noticia, lo que estábamos esperando – el que respondió fue Harris – se hará un excelente trabajo con los Rangers

- y el rancho seguirá prosperando a la par – apoyó Geraldine

- es verdad, el rancho ya está funcionando bien, tenemos buenos vaqueros y Jeff los dirige de manera formidable – ahora era Cook quien daba su opinión

- bueno, volviendo a la noticia de que les hablé, vamos a dividir las clases que se van a dar, porque desde mañana se empezarán a construir las nuevas barracas que recibirán de setenta y cinco a ochenta hombres; aunque al comienzo no enviarán sino a treinta y después de evaluar los resultados, si son satisfactorios; que estoy seguro que así será, vendrán los demás. He pensado que no sobrará un aprendizaje en todo lo referente a armas; por lo tanto, Jack, Gerald y Max, van a enseñar todo lo que saben en artes militares y...

- ¿nosotras también vamos a enseñar? – preguntó Maxinne curiosa pero a la vez emocionada

- claro que lo haréis – afirmó Morris que había sido interrumpido – vosotras formáis parte del equipo que ha conseguido esta licencia. Bien, rastreo, revolver, rifle y caballos, estará a cargo de nosotros los hombres. Pienso incluir a Blanco en rastreo

- es bueno, si – aprobó Larson

- lo demás lo iremos viendo sobre la marcha – volvió Morris a hablar – se hizo una concesión especial para incluir unos nuevos individuos con rangos importantes en los Rangers; Jack, Gerald y Max, necesitaré vuestras insignias

Las jóvenes se levantaron con la idea de ir a buscar las placas, pero cada uno de los esposos las detuvieron, y aunque Geraldine y Maxinne iban a decir algo al ver aquello callaron, mientras veían a sus compañeros extrañadas; entonces ellos, que ya estaban enterados de lo que iba a suceder, entregaron cada uno la placa de su esposa al capitán; este las recogió y puesto de pie se les acercó una a una y dijo ante la primera

-a partir de este momento, vosotras sois sargentos de los Rangers de Texas, tu – dijo ante Jackelinne – sargento Jack Allegry Donovan, que fue el nombre con el que te incluí a ti, y a tus hermanas, con los que las hemos llamado este pasado año – repitió la operación con las otras dos dejándoles una nueva insignia en la mano

Las chicas no salían de su asombro, pero luego, este fue reemplazado por la emoción natural que el momento exigía

-¡vaya! Esto sí que ha sido una sorpresa – Jackelinne como siempre, esperaba el momento adecuado para hablar

- ¿te gusta? – le preguntó su esposo levantándose también y abrazándola desde atrás

- sí, claro, por supuesto, me encanta – respondió ella

-vosotros lo sabias – acusó Maxinne sonriendo de forma especial a su esposo – y no comentasteis nada

- no podíamos dañar la sorpresa, aunque hubiera preferido que esas insignias llevaran vuestros nombres de ahora – le respondió Larson y luego solo para ella le dijo – ¿no te parece que hubiera sonado mejor Max Larson?

PREPARADAS PARA MORIRDonde viven las historias. Descúbrelo ahora