Mi tía va de un lado a otro. Sirve las mesas con agilidad. Hoy está abarrotada. Viernes a las doce y es hora punta. Las calles están llenas de vida, con gente paseándose tranquilamente, grupos de amigos pasando un buen rato y familias disfrutando del buen tiempo. Me siento torpe, inútil. Mi habilidad para atender a la gente es pésima, a pesar de llevar cinco años haciéndolo. Simplemente no puedo mantener una bandeja sobre mis manos sin armar un desastre. Por lo que mi tía prefiere que me quede detrás de la barra preparando los cafés. Hace bien. Si yo estuviese al mando la cafetería se habría arruinado hace años.
No entiendo como lo hace. La miro. La radiante sonrisa que les ofrece a sus clientes esconde un estrés increíble, debido a tanta presión. Pero a la vez noto que disfruta con su trabajo. Ella no es una persona que hable mucho de su vida privada con los demás, quizás porque nunca ha vivido con nadie. A sus cuarenta años no ha tenido una pareja estable. Sé que puede llegar a ser una persona cariñosa, pero ese aspecto contrasta con lo controladora y reservada que es. Me abraza, me aconseja. Pero esos abrazos son convencionales y esos consejos superficiales. Nunca me ha dejado llegar a profundizar más en su corazón.
A pesar de todo, conozco lo que ha trabajado para poder tener su propia cafetería. Me lo contó papa. Una tarde de las tantas que íbamos a la cafetería, sentados en nuestra mesa del fondo. Ella, como no, no paraba de atender a clientes y solo había tenido tiempo de dedicarnos una breve sonrisa y preguntarnos qué íbamos a tomar.
Mi padre la observaba, con ojos llenos de admiración. Y yo lo noté. Noté su orgullo, y no pude evitar preguntarme: ¿Por qué? Quería saber el motivo, y la curiosidad se reflejó en mi cara. Haciendo una implícita pregunta.
-Ha trabajado mucho, demasiado. En empleos mal pagados, con horarios injustos, para poder ahorrar el dinero suficiente y comprarla -Me mira y se remonta al pasado, recordando otros tiempos-. Siempre pasábamos por Main Street de camino a casa, después del colegio. La cafetería de la esquina era preciosa. Y ella ya sabía en ese entonces que tenía que ser suya, que quería poder ser dueña algún día de aquel peculiar establecimiento. Siempre lleno de gente, con una bonita terraza y un amplio ventanal que inundaba la cafetería del sol de la mañana y el atardecer de la noche. Recuerdo cuando entró en ella por primera vez después de comprarla. Aquel destartalado lugar que décadas atrás había sido su cafetería preferida. Sus ojos brillaban ilusionados, imaginando lo que haría con ella. Imaginándose a los clientes sentados en las mesas, todos con una sonrisa en la cara y felicitándola por el rico café. Ella ya pensaba que se encontraba en aquella idílica cafetería, aunque tan solo había una vieja barra llena de polvo y papel de pared desconchado. Al final la ha dejado preciosa. Me gusta más que aquella antigua cafetería. Tu tía la ha mejorado.
Y le dio otro sorbo al café, desviando su mirada de la mía para esta vez observar a su alrededor, confirmando lo que decía.
Eso es todo lo que sé de ella sobre sus anhelos más profundos. Y solo con eso ya sé lo especial que es. No hace falta que me lo demuestre. A veces no es necesario ver las cosas para creerlas, y en mi caso tampoco lo es.
-¿Se puede saber en qué piensas? Hace tres horas que te he pedido un café para la mesa del fondo y aún no lo has preparado.
Mi tía me mira, más estérica que enfadada, y siento miedo. Acabo de desatar la terrible "furia del café tardío". La última vez que me pasó estuvo un día entero reprochándome lo distraída que soy y me amenazó con despedirme. Eso me dio igual, porque sé que le viene bien que le eche una mano con la cafetería, y cobro poco. Pero no quería que pensase que era una inconstante que no sabía hacer bien su trabajo, el cual solo consistía en preparar míseros cafés.
-Yo...Pensaba en papá -Mis ojos se desvían a un punto indeterminado, luchando por que no se me agüen.
Ella suspira y me dedica una mirada compasiva.
-Está bien, no te preocupes. Prepáralo y llévalo a la mesa del fondo. Después puedes irte a casa. Ya casi no hay nadie.
Mentira. Una mentira, y además enorme. La cafetería está llena. Sé que ella no podrá llevarla sola. Aún quedan un par de horas hasta que se empiece a vaciar. También sé porque lo hace. Siempre que hablo de mis padres ella actúa así, intentando evadir cualquier contacto con ese tema, las siguientes lágrimas y los consuelos de después. No quiere que yo le coja demasiado cariño, ni ella a mí.
No discuto. No le replico. Me dedico a preparar el café y a llevarlo lentamente hasta esa mesa tan conocida para mí, donde yo me sentaba con mi padre. Esquivo a la gente y llego a mi destino. Conseguido, por una vez no armo un desastre, cosa que esperaba.
-Otra vez estoy aquí
Miro a donde proviene la voz. Es él. Me recibe con una amplia sonrisa. Y como no, me empiezo poner nerviosa. No hagas ninguna tontería May...

ESTÁS LEYENDO
Dulce May (DTHE#1)
ChickLitNunca unos ojos verdes han acarreado tantos problemas. Nunca un par de miradas tantas mentiras. Y mucho menos un accidente de café tanto dolor. Pero cuando May encuentra a Harry todo cambia. La vida le ha dado la espalda tantas veces... Ya no hay e...