Capitulo 1 (Abril) "Cuestión de café"

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Tres meses atrás...

Lunes por la mañana y la cafetería está solitaria. Menos mal, porque hoy estoy sola para atenderla y si algo tengo claro es que no aguanto muy bien la presión de los clientes. Hace casi cinco años que ayudo a mi tía en el negocio, que vivo con ella. Cinco años y parece que fue ayer cuando llamaba a su puerta, insegura de cómo me recibiría

Acabo de limpiar la mesa en la que hace unos minutos estaba sentado Joe. Siempre que viene, sobre las cuatro y media, el café solo caliente, muy caliente, y el periódico están sobre la mesa, listos para su llegada. Es un buen amigo de mi tía y desde que esta abrió la cafetería él viene aquí todos los días, sin faltar ni uno.

Me siento en una silla tras el mostrador agarrando el libro que me entretiene en mis ratos libres: "Matar un ruiseñor". Poco a poco me adentro en la lectura, aislándome entre las líneas escritas por Harper.

-Perdona, un cortado.

-Ahora mismo -Mi vista no se despega del libro, una manía por la que siempre me regaña mi tía. Enciendo la cafetera a tientas y cuando el café está listo, echo la leche como puedo, intentado no derramar nada. Introduzco la cuchara, un azucarillo y finalmente suelto el libro, agarrando la taza con las dos manos y poniéndola en la impoluta encimera del mostrador-. Aquí tiene...

Levanto la mirada mientras preparo mi sonrisa especial para los clientes a modo de "Gracias por su visita". Pero esa sonrisa no llega a asomar por mis labios. La sustituye lo que yo considero "mi cara de tonta". Me quedo embobada, hipnotizada. Unos grandes ojos verdes me miran inquisidores. Pero yo ya estoy lejos, perdida en ellos. ¡Qué ojos! No podría decir el verde exacto. Verde agua, verde mayo....Un leve pardo asoma por ellos.

Podría haber seguido así toda una eternidad, pero el estruendo que hace la taza al romperse en añicos sobre la barra me despierta de mi ensoñación. Oh no...

-¡Dios mío! Lo siento mucho.

El café se desliza por toda la encimera, llenándolo todo de un rico y aromático desastre. El chico se levanta de un salto del taburete, sorprendido. El líquido se ha derramado en sus pantalones. Sorprendentemente rápido para ser yo, la torpe May, le tiendo un puñado de servilletas y él las coge, rozando mi mano, enviando un hormigueo por todo mi brazo. Lo ignoro y, con el primer trapo que mis temblorosas manos pueden agarrar, limpio el desastre del mostrador.

-Soy un desastre. Lo siento muchísimo, tus pantalones... -Mis mejillas se tiñen de un fuerte carmesí. Le he destrozado los vaqueros.

-No te preocupes, ha sido un accidente -Sus comisuras se levanta en una tranquilizadora sonrisa-. No tiene importancia. Además, iba a tirarlos.

Una leve risa sale de mi garganta. Que inoportuna, va a pensar que estoy loca por estar riéndome cuando segundos atrás casi me desplomo por la vergüenza que estoy pasando....Pero hay que admitir que es gracioso.

A cambio él me muestra una mueca y una expresión de incertidumbre.

-Oh...lo siento, no quería ser grosera es que... -¿Se lo decía o me lo callaba?- te asoma la etiqueta de ellos... -Las palabras se escapan antes de que pueda retenerlas.

Mira para comprobarlo, y ahora es él quién se ríe aún más fuerte, a lo que yo me vuelvo a unir. Su risa suena como música para mis oídos y continuamos así por unos segundos más.

-Tranquilo, te vuelvo a preparar otro.

Un nuevo café humeante se encuentra entre mis manos y esta vez lo dejo primero en la barra antes de mirarlo a los ojos. Hago un esfuerzo sobrehumano para no volver a perderme en ellos, y lo consigo, pero aparto rápidamente la mirada antes de que mis barreras cedan.

Me vuelvo a sentar en mi silla e intento leer, pero esta vez me es imposible adentrarme en el libro. No con su presencia perturbándome.

Da un último trago al café, deja el dinero y con un alegre "adiós" y una nueva sonrisa abandona a cafetería. Volviendo a dejarme sola y un poco vacía. Aunque ya no está, sigo sin poder leer. El chico se ha ido pero su imagen sigue grabada en mi cabeza. Sus ojos verdes mirándome desde mi interior, causándome una extraña sensación.

Y esa sensación me acompaña el resto de la tarde.

Dulce May (DTHE#1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora