Kara.
Miré el otro lado del callejón que terminaba en la salida a una calle, los autos pasaban sin cesar y la gente iba y venía de quién sabe cuantos clubes como éste. De tantos lugares, ciudades y países... Ella decidía venir aquí.
Miré el cielo, todavía con la espalda en la pared. Nunca podía admirarlas pero las estrellas eran hermosas, tan lejanas e intocables que parecían un mito si no tuviera la suerte de verlas.
—«Una estrella por cada ángel caído.» —dijo sorprendiéndome con la voz tan suave que casi olvidé quién realmente era. La miré extrañada pero ella tenía la vista en el cielo oscuro, juraba que las estrellas se reflejaban en sus ojos. —De cada estrella que miras un ángel perdió el rumbo y fue expulsado del cielo. Éste intentó por todos los medios volver pero su dios nunca quiso escuchar sus razones, no quiso jamás saber que no tenía otra opción más que equivocarse porque ese era su destino. Todos sus errores estaban escritos desde el comienzo pero el ángel nunca lo podría haber imaginado. Un ángel caído por cada estrella.
—No creí que supieras eso o siquiera lo comprendieras.
Su forma de contar la historia fue de alguna manera familiar, relacionada a las dos de un modo silencioso. Ignoré la idea de compararla con aquella leyenda al instante. Bajó la mirada hacia mí y algo oscuro atravesó sus ojos, ladeó la cabeza y tensó la mandíbula cuando dijo.
—No necesariamente tienes que ser un ángel para entenderlo.
Más silencio. Un silencio entre dos seres que eran incompatibles hasta el infinito, como el agua y el aceite. Un silencio que gritaba que la mejor opción era alejarse lo más pronto. Cansada, finalmente dije;
—¿Qué quieres tú aquí, no te cansas nunca de esto?
—¿Cansarme de qué? —dijo. Su voz se escuchó sin ninguna pizca de lo que siempre era; nada de esa arrogancia innata estaba presente ahora. Todo un mundo entero y ella estaba aquí. No sabía por qué estaba tan molesta de repente pero el enojo entibiaba mi pecho, lo llenaba de adrenalina y furia.
—Porque yo sí estoy cansada de verte. Estar cerca tuyo, incluso tener un maldito trato contigo, va contra todo lo que represento. Eso, Lena, me agota. —con la última palabra dicha me obligué a calmar mi respiración y escuché su risa irónica en el vacío callejón. Ahí había vuelto.
—Entonces deberías dejar de seguirme a cada lado que voy, cariño.
—¿Quién dijo nada sobre seguirte?
—Aunque no te veías muy satisfecha hace rato ahí dentro, hasta diría que tu molestia actual podría relacionarse con lo que viste. —una sonrisa engreída cruzó su rostro pero me contuve. No le daría lo que quería.
—Solamente me causas una inmensa sensación de desagrado. Ojalá eso llene tu engreída alma.
—Sabes Kara, a veces me planteo nuestro trato y me lamento haber acordado algo tan a la ligera. Shh, shh, dejame terminar. Si hubiera sabido que aceptarías cualquier cosa que te pidiera sin duda me habría divertido mucho más. —enarcó una ceja viéndome de pies a cabeza y mordió su labio inferior risueña, pese a todo esta vez no me afectó así que jugué mi parte.
—Apuesto a que te resulta muy gracioso. Creer que tú, un demonio delirante como eres, desagradable, disgustante y vil podría alguna vez hacerle cometer un error a un ángel. Y no a cualquier ángel, yo no soy como los demás, yo no cometo errores, no me doblo. —dije tan fría y secamente que ni siquiera parecí yo, pero eso era lo que ella se merecía, así que disfruté el desconcierto momentáneo en su mirada. Invisible casi, antes de volver a su máscara fingida de orgullo. Miró sus manos, un anillo le rodeaba el dedo y lo movió por varios segundos.
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Prohibido Tocarte; Supercorp.
Fanfiction(EN PAUSA) Kara y Lena no podrían odiarse más. Siendo la primera un ángel y la segunda un demonio, la naturaleza de cada una les hace aborrecerse y vivir en un constante estado de mutua destrucción. Pasaron años desde que no cruzan caminos. Pero un...
